lunes, 6 de agosto de 2012

Cruzando el mar... por debajo

Si algo que no deja de fascinarme es el túnel del Canal de La Mancha, también conocido como eurotúnel, esa maravilla de la ingeniería ferroviaria que conecta la isla de la Gran Bretaña con la Europa continental; por gracia y obra de potentes excavadoras uno puede viajar desde el centro de Londres hasta el centro de París en tan solo dos horas y media.

Entrada y salida del túnel, 23 minutos

El fin de semana pasado pude hacer uso del túnel y pasar un par de días en París visitando a una amiga. Como ya es la tercera que visito la capital francesa podía permitirme el lujo de dejar a un lado los típicos elementos turísticos y disfrutar de París como un local... y con una local, ¡mejor que mejor!

La primera diferencia es el transporte. Libre de las ataduras del tiempo pudimos dejar a un lado el metro, que es rápido, en favor de la bicicleta, que es divertido. En París tienen un sistema de alquiler de bicicletas público como el que tan de moda se está poniendo en ciudades de todo el mundo (Barcelona fue la primera de España, si no recuerdo mal); las de París son fabricadas por la misma empresa que hace las de Valencia, por lo que el sistema será familiar para algunos. El coste del Vélib (que así llaman a las bicicletas), es de 1,70€ al día con coste adicional si el tiempo de uso supera la media hora; eso sí, aseguraos de tener un buen remanente en la tarjeta de crédito pues aparte del coste de uso el sistema introduce una retención de 150€ en concepto de depósito... en mi caso fueron dos días de uso y 300€ retenidos durante una semana.

Otra precaución a tener en cuenta a la hora de utilizar un Vélib es que el mantenimiento de las bicicletas es más que deficiente, por lo que antes de desbloquear una del puerto has de asegurarte que está en condiciones de ser utilizada; en alguna ocasión me topé con ruedas pinchadas o pedales ausentes. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena, pues pedalear cómodamente por las calles de París viendo sus iconos pasar es toda una delicia.


Otra forma diferente de disfrutar la ciudad es a través de sus parques y jardines. Comparada con Londres París tiene un estilo de vida mucho más relajado, más pausado, y dejar pasar el tiempo sentado en un parque es una de las marcas locales. Personalmente disfruté de dos de ellos, los céntricos Jardines de Luxemburgo, junto al Senado, y el no tan céntrico Parc Floral al noreste, justo al final de la línea 1. Este último requiere pago de entrada, 5,50€ al público general y la mitad para estudiantes, pero teniendo en cuenta lo grande y cuidado del parque y las actividades que a menudo se desarrollan (como el concierto de jazz que vi el sábado) valen la pena.


último, aunque no por ello menos importante, tenemos la comida. Qué gran placer. Sin embargo, lejos de adentrarme en la cultura de la alta cuisine, pregunté a locales dónde comen los parisinos. Fue así donde acabé cenando en Chez Papa, restaurante de cocina del suroeste de Francia con reminiscencias vascas, generosas porciones y, como casi siempre en París, buen vino. Chez Papa es ahora una franquicia y cuenta con varios establecimientos en París, aunque el mejor de ellos sigue siendo el primigenio, el de Montparnasse.

Una forma diferente de disfrutar de una ciudad pues, al fin y al cabo, viajar no significa solo conocer edificios, sino también costumbres.