miércoles, 25 de julio de 2012

Por y contra el pueblo

Recortes, la nueva palabra de moda. España entera se moviliza para protestar contra unos recortes duros, muy duros. Unos recortes que aprietan el cinturón a quien poco tienen ya donde apretar. Una enorme tijera se cierne sobre el país proyectando una sombra oscura, aguda, angustiosa.

¿Por qué tanto recorte? Fácil: porque los mercados ya no se fían de nosotros, piensan (con un buen punto de razón) que nuestra economía está tan gravemente herida que no seremos capaces de pagar nuestras deudas, y nadie quiere prestar dinero si no prevé recuperarlo.

Ahora bien, esto atrae una segunda pregunta: ¿qué carajos nos importan a nosotros los mercados? Bueno, tal vez los mercados en sí no nos importen mucho, pero sí nos importa su dinero. España acusa un problema de liquidez; tenemos patrimonio, pero lo tenemos principalmente en forma de bienes ilíquidos, sobre todo inmuebles; no tenemos capital del que tintinea. Y esto es un problema, porque cuando tú y yo vamos a la verdulería no podemos pagar dando un trozo de casa, tenemos que dar dinero en efectivo, ¿verdad? Pues lo mismo le pasa al Estado a gran escala. Tiene patrimonio pero no dinero, así que necesita pedirlo prestado.

¿Cómo es posible que andemos tan cortos de efectivo? ¿No somos acaso una economía fuerte? Sí, pero reinvertimos nuestras ganancias en exceso. No es un secreto que los españoles, tanto los de a pie como los gobernantes, hemos pasado unos años estirando más el brazo que la manga, y ahora lo estamos acusando. Hemos llegado al punto en que el gobierno tiene más gastos que ingresos, situación que ha de revertirse.

¿Cómo volvemos a tener más ingresos que gastos? Aquí está el problema. La solución más directa es reducir los gastos, lo cual implica recortar, volviendo a ese principio que queremos evitar. Otra solución es tomar algunos de esos bienes ilíquidos y transformarlos en líquidos, lo que significa que el Estado venda bienes, es decir, privatice... cosa que tampoco queremos. Podemos sin embargo tratar de incrementar los ingresos, lo cual necesitaría algo de inversión, lo que significa incrementar el gasto a corto plazo... y tampoco queremos hacer eso.

¿Qué hacer? Siendo bienintencionados podemos interpretar que el gobierno del PP está tratando de incentivar el emprendedurismo mediante el viejo manera de "el hambre agudiza el ingenio". Apriétales las tuercas hasta que vengan con ideas frescas. Sin embargo esto es España, no EEUU, y aquí la reacción ante la presión es defraudar al Estado, no emprender. ¿Que el Estado sube el IVA? Pues pago sin factura. ¿Que el Estado sube el IRPF? Pues trabajo en negro. Operamos de espaldas al Estado y asunto solucionado.

Ahora bien, si nos dejamos de arengas positivistas y tocamos con pies en tierra, nos damos cuentas de que las medidas del PP no son tan motivadoras como ideológicas. Esto lo deducimos de los aplausos de la bancada ante cada recorte (debería ser algo doloroso) y de reacciones como la de Andrea Fabra con su "que se jodan" (debería ser cesada de inmediato). No, el gobierno del PP no está tratando de ayudar al pueblo a salir de su coyuntura económica, sino más bien está usando la excusa de la coyuntura para imponer una visión del mundo que, por lo visto, hace tiempo anhela.

Lo admito, en el pasado he sido votante del PP, pero lo que estoy viendo estos días no es un partido que siquiera finja representar al pueblo. Es más bien un padrastro endiablado que nos hiere ante cada oportunidad. Si al menos disimulara y tratara de aparentar que no le gusta tomar las medidas que toma podría defenderlo, pero su actitud altiva, chulesca y despegada es de todas, todas deplorable.

Puede que sea cierto, al menos hasta cierto punto, que gran parte de los males sean herencia del PSOE, pero si el PP no quería torear ese morlaco que no se hubieran metido en la plaza. Ya no hay excusas del pasado, hay solo miradas al futuro, y la mayoría de los españoles votaron este gobierno para obtener soluciones, no excusas y castigos.

La situación es difícil, sí, pero para eso se ofrece uno a ser gobernante. Si les viene grande que dimitan y dejen paso a otros que, si bien tal vez no más capaces, sí serán más respetuosos.