viernes, 9 de marzo de 2012

¿Quién atrae a quién?

Este es un pensamiento que me ha asaltado en el metro de camino al trabajo. La mujer sentada a mi derecha estaba leyendo una de estas revistas con colores vivos, páginas en brillo y muchos anuncios, y uno de estos anuncios era sobre un nuevo perfume. El anuncio incluía una doblez que, al desplegar, contenía una muestra de la fragancia, y la mujer se ha mostrado presta a desplegar y oler.

"Qué estereotípico de mujeres, eso de los perfumes", he pensado. Y mi hilo de pensamiento ha seguido hacia maquillaje, zapatos, vestidos, joyas, accesorios... todos esas herramientas de belleza que las mujeres suelen manejar a la perfección y que para los hombres son un misterio tan absoluto. Tan natural de la mujer eso de asegurarse de tener un aspecto atractivo.

¿Pero es realmente natural? Si nos fijamos en otras especies es casi siempre el macho el que exhibe colores, plumas y melenas. Es el león el que presume de pelaje, no la leona. Ese el pavo real macho el que despliega su abanico. Es el canario el que le canta a la canaria. En resumen, es el macho el que atrae. La evolución ha enseñado a las hembras a que su carga de óvulos es demasiado valiosa para entregársela a cualquier macho, y los machos han desarrollado métodos para demostrar que son fuertes, sanos y por tanto válidos. ¿Por qué los humanos lo haremos al contrario?

Tal vez sea una cuestión sociológica, que le ha ganado la partida al aspecto evolutivo. Con el desarrollo de la sociedad la preocupación por la perpetuación de la especie es cada vez menor, a pocos le quitará el sueño pensar que el ser humano se va a extinguir. Eso, unido al hecho de que durante muchos años el poder ha sido ostentado por hombres (y aún lo es en gran medida), puede haber movido el poder de decisión sobre quién elige y quién seduce: con la especie fuera de peligro y los hombre en el poder es la mujer la que quiere (o ha querido) ser una buena candidata para ser elegida por el hombre; puede que muchos/as se lleven las manos a la cabeza ante este comentario, pero no olvidemos que durante muchos siglos los matrimonios han sido una cuestión de acuerdo, de negocios, y que esto puede haber creado la tendencia que comento.

Lo que me pregunto es si, ahora que caminamos hacia un mundo igualitario donde hombre y mujer ostentan similares cargas de poder, las mujeres dejarán de preocuparse por "ser elegidas" y empezarán a dejar a un lado la industria de la belleza.