viernes, 3 de febrero de 2012

Pisando Deutschland

Últimamente estoy en vena viajera. El pasado fin de semana marché a Bonn, a visitar a una amiga y de paso explorar un área de Alemania que todavía no había pisado. Bonn no es una ciudad especialmente grande o atractiva por sí misma, pero tiene la ventaja añadida de estar muy cerca de Colonia, con lo que uno puede visitar dos ciudades de una tacada fácilmente.

El viernes y sábado tuve la oportunidad de conocer la oferta de ocio nocturno de la zona, que por lo que entiendo es bastante representativa del país. Por un lado, me llamó la atención la cantidad de restaurantes africanos, significativamente mayor de lo que vería en España o incluso en Londres. Nosotros cenamos en un restaurante etíope donde se comía sin cubiertos (la comida se tomaba usando una suerte de pan ácimo) y donde pude degustar el vino de miel (tiene un sabor parecido al vino de baja fermentación). Tras la cena visitamos un bar cercano, el Blow Up, donde me sorprendieron dos peculiaridades alemanas:

1. Para beber uno ha de pagar un depósito de 1€ por vaso; sucesivas cervezas no requieren depósito adicional siempre y cuando se reutilice el vaso, y el depósito es finalmente recuperado devolviéndolo al final de la noche antes de marchar. Toda una muestra de eficiencia alemana, que consigue que sus clientes reutilicen el mimo vaso una y otra vez reduciendo así la necesidad de ir por el bar recogiendo y fregando vasos.

2. En muchos locales se fuma abiertamente, aunque está "prohibido". Ahora bien, no es realmente que se estén saltando la ley, es que también saben ser pícaros cuando quieren: en Alemania existe una prohibición de fumar en lugares públicos y cerrados similar a la española, por lo que muchos bares han optado por registrarse como clubes de fumadores (y pagar el correspondiente impuesto).

El sábado fuimos a una discoteca local, Hausbar, y constaté por qué a los alemanes les gusta tanto venir de fiesta a España: ¡Porque sus DJs no saben pinchar! Los cambios bruscos de música a mitad de canción y los giros de estilo sin transición me dejaron patidifuso, uno no puede pasar de Danza Kuduro a Chemical Brothers así como así...

Las horas de frío sol del sábado las pasamos explorando Bonn. Me recordó a mis tiempos en Fráncfort por el extenso uso de la bicicleta y por tener tranvías y coches compartiendo la calzada (sí, uno conduce sobre las vías y adelanta tranvías como si fueran autobuses). Bonn es traspasado por el río Rin, y sus márgenes incluyen largos parques donde circular con la bici es una autentica gozada. El centro del pueblo no tiene elementos de mayor interés, salvo la subida rompepiernas a los restos de la fortaleza Godesburg y la tienda de Haribo (chuches a gogó).

El domingo aprovechamos para visitar Colonia, de un atractivo indudablemente mayor que Bonn. Nuevamente el paseo junto al río es de merecer, aunque esta vez en lugar de parques teníamos una combinación de bonitas casas de época y arquitectura modernista que me recordaba en parte a la ría de Bilbao. Los edificios que uno se encuentra mientras pasea pasan desde un parque tecnológico que alberga a EA, Microsoft y otras hasta un museo del chocolate con maravillas como esta Santa Catalina de 39 kg de peso.




Por último, ideal para emprender el camino se regreso a casa, junto a la estación de trenes de Colonia se halla su catedral, una maravilla arquitectónica que por algún motivo pasa desapercibida en el "turismo eclesiástico"; cierto es que sus interiores no don tan sorprendentes como la vista externa, pero aún así es una visita recomendable.




En resumen, tal vez un viaje que no es necesario realizar en múltiples ocasiones, pero desde luego debería aparecer en vuestra lista al menos una vez.