lunes, 9 de enero de 2012

Amar

Amar es encontrar. En un tren, en un bar. Encontrar a quien te obnubile, alguien cuyos ojos no puedas evitar. Su pelo brilla, su sonrisa te desarma. Es encontrar una frase para romper el hielo, el coraje de pisar el ruedo. Es quedarte prendado por su humor, su picardía. Amar es demostrar tu valía. Es tocar, suavemente, sin excesos; es mirar, controlar los silencios, el tempo. Las palabras, los gestos.


Amar es arriesgar. Dudar. Con la mano en el teléfono te preguntas si es pronto para llamar o si deberías esperar otro par de días. Es tratar de hallar la línea que divide lo correcto de lo tímido, lo osado de lo grosero. Es un delicado tira y afloja hacia un objetivo que, sin ser desvelado, debe ser evidente.


Amar es disfrutar. Gozar de la complicidad creada. Es la sonrisa tonta que te asoma cada vez que te besa por sorpresa. Es pasar noches en vela compartiendo miradas sin necesidad de mediar palabra. Es disfrutar. Reír por todo y por nada. Convertir cada momento en algo especial, irrepetible. Es la cara de sorpresa de tus amigos y amigas cuando explicas la causa de ese nuevo brillo en tus ojos. Es despreocuparte de ti mismo, y adorarlo.


Amar es temer. Es mirar su cuerpo desnudo sobre la cama mientras duerme, tratando de registrar cada curva, cada peca. Es acariciar su piel temiendo verla desaparecer tan pronto la toques como si de una ilusión se tratase. Amar es temer. Es aceptar que tu vida ya no depende de ti, que ahora es otra persona quien podría decidir hoy, mañana o el lunes que hasta aquí llegó tu felicidad. Es pender de un hilo. Es temer por dos.


Amar es encontrar. Es dar con la persona por lo que todo lo anterior no es simplemente una opción, sino que es la única. Es encontrar, no en el plano físico, sino en el espiritual. La pieza que te completa, la que cambia tu escala de prioridades. Tu vida.

Amar es encontrar.

Encontrar...