miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hospitalidad por omisión

Mi súper mega híper querida ex-compañera de piso ha vuelto con nosotros durante unos días, la hemos echado de menos. Y, agradable como ha sido su visita, la cuestión es que me ha hecho pensar en lo que es la hospitalidad y como aplicarla.

Ella solía ser nuestra compañera de piso, lo que significa que se movía por casa a sus anchas. Al marchar buscamos otra compañera de piso, por lo que su regreso era solo como visitante, una de tantas personas que viene a verte y para la que preparas café. Al principio pensé que debía tratarla como a cualquier visita: sentarla en el sofá, dejar que se sintiera cómoda, ocuparme de todo para que ella no se tuviera que preocupar de nada... Pero entonces pensé que, dada nuestra historia, tal vez eso no sería lo que la haría sentir más confortable.

Así que en lugar de eso abrí la puerta, le planté dos besos y volví al sofá. Me preguntó si podía hacerse unas tostadas.

- Claro, ya sabes dónde está el pan. Por cierto, he comprado huevos esta mañana, si quieres uno están en el segundo estante de la nevera.

Exactamente como solíamos hacerlo cuando vivía con nosotros. Al rato le apeteció café, y se levantarlo a prepararlo sin más. Empezamos a ver House juntos, y como manda la tradición abrimos una botella de vino. Nos sorteamos quién iría a por el vino, exactamente como solíamos hacerlo, me tocó a mí y a ello fui.

Pasamos una velada encantadora, me hizo pensar que aún vivíamos los tres juntos... y, según lo que me contó después, así se sintió ella también. Y es que la mejor hospitalidad no es la necesariamente la que mejor sirve al huésped, sino la que más le hace sentir como en casa.