jueves, 22 de septiembre de 2011

Tres horas en Islandia

Tres horas, ese es el tiempo que ha transcurrido desde que he aterrizado en Reikiavik hasta que he publicado este artículo. Primera impresión: no es tan mortalmente frío como me lo pintaban, menos aún teniendo en cuenta que es un frío seco (mucho más soportable que el frío húmedo que te cala hasta los huesos en Valencia). Segunda impresión: es una tierra dura, nacida del fondo de la tierra y donde la vegetación a duras penas logra asentarse.







Pero dentro se esa dureza se adivina una belleza pétrea, un testigo de lo indómita que puede ser la madre tierra aún ante el humano más tenaz. A estas alturas ya he aprendido un dicho local que parece reflejar el carácter islandés: respeta a la naturaleza, pero no esperes que esta te respete a ti.

El aeropuerto resulta coqueto, casi de juguete, pero se nota que de construcción relativamente reciente. Tal vez por estas razones sea fácil de gestionar y se haya ganado el apelativo de mejor aeropuerto de Europa.







Reikiavik es una capital pequeña, de apenas 200 000 habitantes, lo que hace que uno tenga la impresión de estar siempre a las afueras de la ciudad. No hay grandes edificios, a excepción de una majestuosa iglesia cuya torre de 70m se ve desde casi cualquier punto de la ciudad (y que pienso visitar a continuación) y del nuevo centro de conciertos Harpa, que ya he podido ver de refilón desde el autobús.







En fin, basta de palabreos, ¡hay una ciudad ahí fuera esperando que la paseen!

Location:Bræðraborgarstígur,Reykjavik,Iceland