lunes, 20 de junio de 2011

La mediocridad como objetivo

Como habréis podido notar, queridos lectores, las últimas semanas no hemos estado demasiado activos en el blog; sin embargo, el que no escribamos no significa que no reflexionemos.

Mi entrada de hoy, acortada por cuestiones de tiempo, es precisamente una reflexión ante la contradictoria actitud con la que parecemos afrontar uno de los mayores dramas de nuestro país: la fuga de cerebros. Nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que oímos hablar de grandes investigadores o emprededores españoles (tanto hombres como mujeres) que han tenido que emigrar porque en este nuestro país no encuentran las oportunidades por las que tanto han trabajado. Sin embargo, ¡ay!, cada vez que la administración, en cualquiera de sus múltiples capas, crea alguna iniciativa para fomentar y premiar a los más talentosos, un sector bien numeroso de la población explota airado acusando al gobernante de turno de elitista y sectario.

Un ejemplo claro lo tenemos en el proyecto piloto de la Comunidad de Madrid por el que se pretende crear un Bachillerato de Excelencia a base de seleccionar a los alumnos más brillantes de la comunidad. El proyecto ha sido tildado nada menos que de "radicalmente de derechas e involucionista" por el consejero de educación andaluz Francisco Álvarez de la Chica, quien tal vez prefiera dejar de premiar a los excelentes para evitar que los mediocres se vean ofendidos.

Sigamos así, sigamos fomentando esa espúrea igualdad entendida como castigar a todo aquel que quiera destacar, y por fin alcanzaremos ese destino que tantos parecen buscar: una sociedad donde todos somos igualmente mediocres y donde no hay líderes para conducir el país.