miércoles, 25 de mayo de 2011

Medicina, religión y publicidad engañosa

Aún con mi artículo oficial sobre el movimiento 15M en gestación (aunque mis líneas ya se pueden adivinar en los comentarios de la entrada de Muisheto), quiero hacerme eco de un par de recortes de prensa sobre lo que podemos clasificar como publicidad engañosa pero raramente se castiga como tal.

Por un lado, The Economist publicaba la semana pasada un artículo sobre la medicina alternativa con una interesante conclusión: la medicina alternativa, como tal, no existe. O bien las técnicas aplicadas funcionan y por tanto son medicina con propiedad (y han de ser reguladas como tal), o bien no funcionan y no son medicina de ninguna clase. Así pues, vender tratamientos como medicina alternativa es o bien un renombre de lo que ya conocemos o bien un simple engañabobos. El problema está en comprobar, desde un punto de vista estrictamente científico, cuáles de innumerables técnicas funcionan y cuales no, y una vez comprobado empezar a aplacar todas aquellas que no tienen mayor eficacia que la de cualquier placebo.

Por otro lado, hay que darle un jocoso aplauso a Harold Camping, quien predijo a bombo y platillo que el mundo se iba a acabar el pasado sábado. Robert Fitzpatrick, uno de sus seguidores, se gastó $140.000 en publicitar la fecha del fin, mientras que muchos otros (porque el amigo tiene su propio programa de televisión) se deshicieron de sus propiedades y se entregaron a la buena vida porque, total, ¡el mundo se acaba! Ahora muchos de esos seguidores le están reclamando el dinero gastado en compensación por el "error de cálculo", pero el líder dice que nanai. Aquí el caso es un poco más complicado pues, aunque intuitivamente "sepamos" que el mundo no se va a acabar y que lo que dice este hombre no es más que un montón de chorradas, ¿cómo lo demuestras científicamente? Porque para condenarlo por publicidad engañosa tienes que demostrar que lo que dice es un engaño manifiesto...

¿A que nunca te lo habías planteado de esa forma?