domingo, 1 de mayo de 2011

La pregunta del millón

Gracias a los múltiples días de fiesta con que contamos esta semana en el Reino Unido (Dios bendiga a la Reina y a la boda real con festivo nacional incluido) me he venido a pasar unos diítas a Valencia. Y, en esos días, he podido aprovechar para visitar una de esas pocas cosas que aún se hacen bien en esta tierra de obras faraónicas: El Tancat de la Pipa.

Descubrí este proyecto de filtros verdes en pleno Parque de l'Albufera por casualidad, tras un arroz con cigalas de los que te tiran los ojos para atrás (aunque aún así en segundo puesto tras el arroz con bogavante de mi tío). Fue un día soleado de principios de verano, con los arrozales verdes e inundados formando una estampa que me inspiró para escribir Cosas que aún nos quedan. Desde entonces quise visitar el Tancat.

Una guía muy amable y conocedora de la tierra nos explicó el triple objetivo de este espacio: por un lado aliviar la eutrofización (exceso de nutrientes) del agua del lago, ocasionada por los campos de arroz colindantes; por otro crear una reserva de anidación para aves migratorias, que en poco tiempo ya ha dado grandes resultados; por último, crear un área de ocio natural y familiar con el que concienciar a la población de la importancia de no dar la espalda a uno de los mayores tesoros valencianos: el humedal de l'Albufera. Al finalizar tuvimos la oportunidad de ofrecer nuestras preguntas, y yo formulé una que claramente pilló a la guía desprevenida.

Y todo esto, ¿cómo se financia?

Y es que esta es una pregunta que no solemos hacernos, pero que no por ello no deja de ser relevante. Cuidar nuestro hábitat es importante. Asegurar los recursos para la supervivencia de especies amenazadas es importante. Pero todo esto precisa contratar maquinaria, operadores, investigadores, material y un sinfín de costes más que, obviamente, alguien ha de pagar. Pero nosotros nunca nos preguntamos quién será el filántropo.

Tal vez una de las cosas que debamos aprender es a no vivir de espaldas a las finanzas. Asumimos que la Administración, o al menos alguna de sus múltiples capas, se encarga de la carga económica de estas iniciativas, sea cual sea la cuantía. No preguntamos si es mucho o si es poco el coste, o si vale la pena, o si podría ser invertido de otro modo. No preguntamos cómo afecta al presupuesto las decisiones o eventos políticos, si crece o decrece. Y, por descontado, no preguntamos si hay alguna manera de colaborar.

A mi guía le pregunté si existía algún programa de donaciones, si un visitante como yo concienciado de la importancia del espacio podía colaborar siquiera con una cantidad simbólica... Y me devolvió una cara de incredulidad que claramente afirmaba que nunca antes le habían hecho tal proposición. "¿Donar dinero? ¿Pero tú crees que alguien daría un duro?" fue su respuesta. Creo que esto ha de cambiar, si l'Albufera es de todos, de todos es también la responsabilidad de cuidarla y mantenerla. Con demasiada facilidad delegamos, o más bien abdicamos, la gestión de este país y de sus bienes.

Si el país nos pertenece a todos, y no simplemente a la clase dirigente, de todos es la responsabilidad de su devenir... y de la gestión del gasto.