domingo, 13 de febrero de 2011

Relación entre culpa y dolor

Tradicionalmente se ha defendido, especialmente entre círculos religiosos, que la mejor forma de lidiar con la culpa es a través de la penitencia. En estos tiempos en que el conflicto ciencia vs. religión parece alcanzar su clímax es curioso que nadie se hubiera puesto manos a la obra para confirmar o desmentir tal relación... nadie, hasta ahora.

Según cuentan en The Economist, Brock Bastian, de la Universidad de Queensland, Australia, reunió a un conjunto de estudiantes bajo el pretexto de realizar unos estudios sobre agudeza mental y física. Brock Bastian dividió a los estudiantes en dos grupos: al primero les hizo escribir una serie de experiencias personales en las que se hubieran comportado de manera poco ética, mientras que al segundo les hizo escribir una serie de experiencias cotidianas acontecidas el día anterior. Tras esto, y y disfrazando el experimento con encuestas varias, hizo a los estudiantes evaluar su sentimiento de culpa actual en una escala entre 1 y 5, siendo 1 nada culpable y 5 extremadamente culpable; como era de esperar, el primer grupo presentó una media significativamente mayor que el segundo, 2,5 contra 1,3.

Entonces viene la segunda parte del experimento. Alegando una prueba física, los estudiantes tuvieron que meter su mano no-dominante (la izquierda si se es diestro y la derecha si zurdo) en un cubo lleno de hielo y aguantar el máximo tiempo posible, tras lo cual debían establecer el nivel de dolor experimento en una escala del 1 al 5, siendo 1 indoloro y 5 dolor extremo. Aquí las cosas empiezan a ponerse interesantes: el grupo que había escrito sobre situaciones deshonestas aguantó de media 86,7 segundos con la mano en hielo, mientas que el grupo que escribió sobre situaciones cotidianas aguantó solo 64,4. Y no es porque no sintieran dolor, ya que la calificación del mismo fue de 2,8 y 1,9 respectivamente (a mayor tiempo mayor dolor), lo cual induce a pensar que el sentimiento de culpa puede predisponernos a tolerar un mayor grado de dolor.

Pero aún hay más. Tras el experimento físico se sometió a los estudiantes a una segunda encuesta de varios parámetros, entre los cuales se incluía de nuevo la pregunta sobre el sentimiento de culpa y, mientras que el grupo que habló de experiencias cotidianas expresó un sentimiento de culpa similar (1,2 de media contra el 1,3 anterior), el grupo que habló de experiencias poco éticas experimentó una caída en su culpabilidad, bajando a 1,1 desde el 2,5 anterior.

Por supuesto muchas interpretaciones se pueden hacer de estos datos y muchas más pruebas se tendrán que hacer, pero resulta cuanto menos interesante que una de dichas interpretaciones pueda ser que el sentimiento de culpa nos lleve a tolerar mejor el dolor y que dicho dolor nos ayude a librarnos del sentimiento de culpa. Quién sabe, al final puede que fustigar y flagelar no sean tan malos después de todo.