jueves, 10 de febrero de 2011

La cultura del esfuerzo

Publicaba hoy el diario La Verdad en su edición digital una entrevista a Joaquín Aranda, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Murcia. Son muchas las cosas y de mucho sentido las que se dejan ver en esta entrevista (y, mucho más importante, de la boca de un auténtico docto en la materia), pero quiero destacar las siguientes frases (la negrita es mía):
Lamentablemente, hasta ahora ha predominado el modelo de colocarse en una empresa con un salario seguro, o hacerse funcionario. Trabajar de 8 a 3 y tener las tardes libres. Eso es lo que más me preocupaba. Cuando alguien te dice que quiere tener las tardes libres para hacer deporte o irse de compras, y que esa es su aspiración laboral, me parece inquietante. No es el perfil que se requiere para sacar nuestro país adelante. Cuando uno es joven tiene que partirse la cara por mejorar y progresar; lo otro vendrá después.
En esa etapa expansiva que hemos atravesado se ha perdido en España un conjunto de valores que son los que siguen funcionando en los países anglosajones, como el esfuerzo, el reconocimiento del talento, la responsabilidad y la motivación por las cosas bien hechas. Aquí hay generaciones que se lo han encontrado todo hecho. También había jóvenes que dejaban los estudios y se iban a trabajar a la construcción por más de 3.000 euros al mes. ¡Ganaban más que un catedrático!
No es el Estado el que tiene que dar solución a tus problemas, sino tú mismo. Cada uno debe intentar sacar los pies del plato. Ahora dices que trabajas por tu país o que eres un patriota porque hay que arrimar el hombro y está, o casi habría que decir que estaba, mal visto. Sólo somos patriotas cuando juega la Selección Española. Debemos estar en la cultura del esfuerzo. No es tanto el modelo como el impulso a la vocación empresarial, a que los estudiantes entren en la cultura del esfuerzo.
A eso me refiero también con el cambio de mentalidad; la motivación para crear tu propia empresa. Tienes que ser tú quien salga adelante y no puedes estar esperando a que alguien te diga cómo lo tienes o lo puedes decir. O lo que es peor, exigir que te lo hagan con la consabida y para mi deprimente frase de 'tengo derecho a …' Creo que debemos regirnos por la idea de que lo que lo que no seas capaz de hacer tú por ti mismo, no debes esperar a que otro lo haga por ti.
A ver si a fuerza de repetir estos núcleos de sensatez, al tiempo que desterramos los mimos populistas, conseguimos salir de esta de una vez por todas.