martes, 3 de agosto de 2010

Usufructo simbológico

La idea de esta entrada vino tras un interesante debate sobre simbología, historia e historicismo que tuvo lugar en el blog Im-Pulso de Félix Soria (lo dije anteriormente y lo repito, blog muy recomendable para aquellos que gusten del pensamiento crítico y la argumentación inteligente). El tema empezó con las sempiternas águila, flechas y yugo y llegó a tocar de refilón la cruz gamada nazi, que es precisamente el centro de este artículo.

Para entrar en materia, quiero compartir un par de fotos de mi último viaje a Japón en 2008, ambas pertenecientes al templo Sensō en Asakusa, Tokio.


¿No veis nada inusual? Tal vez acercando la imagen y con algo de resaltado (clic en la foto para ampliar)...


¡Caramba! ¡Esvásticas! ¡Estos japoneses aún no han dejado atrás la Segunda Guerra Mundial! No, espera un segundo, el templo Sensō tiene casi 1400 años, de hecho es el más antiguo de Tokio, ¿que tienen que ver las esvásticas en todo esto? Fácil: aunque comúnmente asociemos la cruz gamada a la era del nazismo este es en realidad un símbolo mucho más antiguo y de origen hindú, usado posteriormente en templos shintoístas y budistas (como el de la foto). A principios del siglo XX, una Alemania herida en la economía y en el orgullo tras la Primera Guerra Mundial buscaba una nueva fuente de inspiración, y la recién creada Sociedad Thule la encontró al asociar la raza germánica con la mítica raza aria de la que se hablaban en los antiguos escritos sánscritos (en sánscrito "arya" significa "noble"). A partir de ahí todo fue copiar y adaptar, y antiguos símbolos y runas de origen indoeuropeo se convirtieron en simbología nazi estándar, hasta llegar a nuestros días.

En Europa seguimos interpretando estos símbolos de esta manera, de hecho en Alemania están total y absolutamente prohibidos, sin embargo en Japón (como en muchos otros países asiáticos) no renuncian a ellos ni a su significado original, y están felices de dar explicaciones a cualquier extranjero confuso que se los encuentre.

Y aquí está la cuestión, mi vuelta a la dichosa águila: podemos ver en ella un símbolo franquista, por ser Franco quien la rescató del cajón, o podemos ver en ella a quienes primero la pusieron al escudo, los Reyes Católicos. La decisión, en el fondo, es nuestra.