lunes, 12 de julio de 2010

La noche en que Londres se vistió de rojigualda

Pudimos, y lo hicimos. En un partido bronco, taquicárdico, donde España quiso hacer su juego y Países Bajos quiso evitarlo. Hasta ocho jugadores de la Naranja Mecánica recibieron tarjeta, algunas incluso generosas como la patada con tacos por delante que Xabi Alonso recibió en el pecho... debe ser por eso que visten de naranja, porque son discípulos del Templo Shaolin. Y hasta 116 minutos tuvimos que esperar para ver el primer gol, pero valió la pena.

Desde el bar donde vimos el partido en Fulham partimos hacia el centro, había que celebrarlo. Ya en el metro nos dimos cuenta de la que nos iba a esperar en nuestro destino, con trenes balanceándose arriba y abajo mientras docenas de exaltados gritaban "yo soy español, español, español". Y lo que nos esperaba era una Piccadilly Circus tomada, conquistada, convertida de la tranquila y turística plaza que normalmente es...


a la manifestación exuberante del españolismo jubiloso, el bueno, el que nace del deporte y que se concibe como la unión de lo que somos; la noche del rojo y el oro.


El propio ángel de la estatua empezaba a balancearse con el peso de los aficionados sobre él y la policía decidió tomar cartas en el asunto; que el sitio de las personas es la acera y no las esculturas, y que todo el mundo para abajo a la de ya. No importaba, porque esto era solo el calentamiento. Los españoles celebramos títulos escalando mobiliario urbano (a veces destruyéndolo) y bañándonos en fuentes públicas, así que todo lo que teníamos que hacer era buscar una buena fuente. Y no estábamos lejos de Trafalgar Square, donde además de fuente teníamos una fuerte reminiscencia histórica: el nombre de la plaza deriva de la batalla de Trafalgar, frente a las costas de Cádiz, donde la marina británica derrotó a las tropas francesa y española dirigidas bajo mando napoleónico.

Fue al llegar a la explanada que da acceso al National Gallery cuando me di cuenta de la gesta que habíamos logrado. Acostumbrado como estaba a no pasar nunca de cuartos, a que España iba el mundial a jugar un poco pero asumiendo que se iría a casa tarde o temprano, no había alcanzado a entender la victoria de esta noche. Pero ver Trafalgar Square me lo recordó. Vivir celebraciones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, etc. es algo normal, al fin y al cabo son ciudades españolas, pero contemplar semejante marea roja conquistando las calles de Londres es algo totalmente fuera de lo común. Esta celebración con el Big Ben al fondo solo es posible cuando se es campeón del mundo.


Increíble. Apasionante. Inaudito. Somos campeones del mundo. Mañana tendremos que afrontar retos de la vida real, pero hoy podemos soñar y disfrutar de este momento. Gracias Iniesta por tu gol. Gracias Barcelona por tus jugadores. Y, sobre todo, gracias España por esta noche.

¡¡ VIVA ESPAÑA !!