jueves, 10 de junio de 2010

Obama se consagra como ídolo de masas... y nada más

Esto es lo que es, un Moisés americano, un Profeta a lo cristiano. Nos convenció a todos de que era un gran político y estadista, alguien que sabía lo que se hacía, aunque mirando en perspectiva con George Bush como predecesor y John McCain como oponente hasta un gato gordo habría parecido el candidato idóneo.

Obama supo desde el principio que esto iba de convencer a las masas, para lo que realmente no hace falta tomar las decisiones más acertadas, sino las más agradables al oído del votante. Tal vez por eso contrató a un experto en redes sociales como Chris Hughes (cofundador de Facebook) para su campaña electoral. Tal vez por eso propuso "arreglar" el sistema financiero con medidas que poco ayudaban y sí perjudicaban, o tal vez por eso se mostró tremendamente dolido por haber tenido que poner dinero donde realmente no lo puso. Y, tal vez por eso, está jugando la baza de la hipocresía con todo el asunto de Deep Horizon, el vertido de crudo del Golfo de México y BP.

Desde la Administración estadounidense se ha criticado que BP no contara con un Plan B para contener los vertidos en caso de accidente, aunque lo cierto es que tampoco se le exigió. EE UU concedió una licencia de explotación sin exigir ningún tipo de plan de contención, lo que significa que tan culpable es uno como el otro. También es de recibo que BP, una empresa británica, se esté llevando todos los palos: BP solo posee el 65% de la iniciativa en el Golfo de México; Anadarko, petrolera estadounidense en posesión del 25% del proyecto, apenas ha sido nombrada. Y todo esto mientras Tim Geithner, Secretario del Tesoro estadounidense, estaba de ruta por Europa explicando lo que la UE y el FMI tienen que hacer para solucionar la crisis, ¿a nadie se le pasa por la cabeza que todo esto no es más que una maniobra para ganar credibilidad?

Ahora bien, para contar con el apoyo del pueblo no basta con sutiles maniobras de imagen, hace falta alguna expresión barriobajera que arranque aplausos entre cerveceros con gorras de béisbol y camisas de cuadros. Y Obama, que siempre sabe dar lo que el Coliseo pide, se desmarca preguntando a quién tiene que patear el culo por este desastre, ni más ni menos.

Yo pensando que Obama era el gran político que devolvería el prestigio a EE UU y resulta que no es más que un simple comercial.