jueves, 3 de junio de 2010

May Bank Holiday: En tierra de Geordies

Si hay una cosa que hacen bien los ingleses es planificar los días de fiesta, ya que hay pocos (8 al año, a diferencia de los 12 de España) por lo menos que estén bien colocados: a excepción del 25 y el 26 de diciembre y del 1 de enero todos caen en viernes o lunes, para tener siempre puente. Uno de ellos es el Spring Bank Holiday, último lunes del mes de mayo, que yo he podido aprovechar para visitar a un amigo en Newcastle y conocer el noreste de Inglaterra. Toda una experiencia que relataré en cuatro artículos.

La cosa empezó difícil, pues el jueves tuve la genial idea de cenar una pizza Mia Sofia, la más picante de cuantas ofrece Pizza Express, y el viernes pude comprobar en mi interior el famoso dicho: picante al entrar, picante al salir. No pude acudir al trabajo pues debía mantenerme en un perímetro de seguridad de 15m alrededor del aseo, aunque tras reposo y buenos alimentos los síntomas se aliviaron al caer de la tarde y pude tomar el tren de las 19:00 (por cierto, wifi gratuita en el tren y enchufes junto a cada asiento; Renfe, a ver si aprendes de East Coast que también son moraditos).

Newcastle tiene origen romano, aunque debe su actual nombre al castillo que construyeron los normandos a principios del siglo XI; eso sí, cuando uno llega y visita la ciudad entiende porque la llamaron Newcastle y no Bigcastle.



Ahora bien, si algo marca la historia y el carácter del Newcastle de hoy es su época de crecimiento industrial y explotación minera, principalmente durante la época victoriana. Fue durante esta época que vías de tren se construyeron junto, sobre y bajo el río para dar salida a la ingente producción de carbón en torno a la ciudad, tanto que Newcastle tiene el orgullo de contar con el primer puente para tráfico y trenes del mundo (el último en la foto).



Hoy en día no necesitan puentes tan altos puesto que ya no vienen grandes barcos a repartir carbón por el mundo, así que pueden hacerlos un poquito más estilizados.



Mas basta de historia geoeconómica y pasemos al auténtico Newcastle. A los nativos se les conoce como Geordies (pronunciado Jordis), y tienen un hablar próximo al inglés del siglo XV... vamos, que no los entiende ni su puta madre. Los Geordies son unos fiesteros natos, auténticos borrachos de profesión, y cualquier fin de semana es fácil ver por la calle grupos de chicos o chicas (casi nunca mezclados) disfrazados de las maneras más variopintas para celebrar un cumpleaños, una despedida de soltero/a o que el martes hizo sol (cosa que, en Newcastle, es algo a celebrar). Carajo, la gente hasta viene de otras ciudades solo para pegarse el fiestón, el cual suele comenzar en torno a las 10 de la mañana y acabar a altas horas de la madrugada (sí, todo el día bebiendo). Tal vez de esta costumbre les venga el tan complicado acento.

Sin embargo, algo bueno hay en este pandemonio juvenil. La atracción masiva de jóvenes lleva a la ciudad una pasión por la estética difícil de experimentar en ciudades de sobriedad más acusada, lo cual lleva a la curiosa actividad de reconvertir la actividad fabril en artística. Desde la conversión del antiguo molino Baltic en el centro de arte moderno BALTIC (al estilo del Tate Modern) hasta la creación de la galería de arte The Biscuit Gallery. Y fue aquí, a pesar de tanta fiesta y tanta mandanga, donde encontré lo que de verdad me encantaría de Newcastle.

Monica Metsers. Neozelandesa afincada en Manchester. Pintora al óleo curiosamente titulada con nombres españoles como Invierno, Silencio o Calle estrecha. Un estilo abstracto pero que desconcertantemente recuerda a objetos conocidos, solo que no sé a cuáles. Por primera vez le vi sentido a comprar arte, aunque mi sueldo todavía no me lo permita... aunque me prometí que cuando sea rico compraré algo de Monica Metsers.

Y bastante más podría decir de Newcastle, pero prefiero reservar los ojitos de nuestros/as queridos/as lectores/as para los próximos capítulos. Siguiente parada: donde el té es importante.