lunes, 3 de mayo de 2010

Se vende humo. Razón: C/ Ferraz nº 70

Hace ya unos nueve meses que Elena Salgado osó hablar de brotes verdes en la economía española, de una supuesta recuperación en nuestra más que maltrecha economía. Al final ha resultado que donde ella veía brotes verdes no había más que hojarasca y ramas secas, y como buen monte seco ha prendido ante el primer rayo: calificación crediticia nuevamente rebajada, datos de empleo aún más deteriorados... caldo de cultivo para que oposición, ávida como un tiburón que se excita ante el olor de la sangre, se afane en meter el dedo en toda yaga posible y desgastar así al gobierno para recuperar el favor del pueblo.

El Gobierno de Zapatero, absolutamente incapaz de recusar las críticas de la oposición, ha optado por dos clásicas técnicas para salvar su imagen. Primeramente probó la técnica del disfraz y la prestidigitación, tratando de convencer al pueblo de que eso que veía no era realmente fuego, sino la aurora boreal. En junio de 2008 el Presidente aún se negaba a admitir la existencia de ninguna crisis, calificando la coyuntura económica de mera "desaceleración". Ya en 2009 y con la palabra crisis dentro del nomenclátor oficial Celestino Corbacho, Ministro de Trabajo, confesó que la cosa estaba mal pero que de ninguna forma se llegaría a los 4 millones de desempleados (hoy ya hemos pasado esa cifra y se habla de llegar a los 5). Y hace apenas meses, con el 2010 ya viniendo, Zapatero afirmó que la recuperación española se produciría al mismo ritmo que el resto de las grandes economías europeas (Francia, Alemania y Reino Unido ya salieron). ABC recoge un curioso top-10 a este respecto.

La segunda técnica requiere algo más de pericia. Ante la imposibilidad de convencer al pueblo de que no crean aquello que ven con sus propios ojos solo le queda una opción: desviar la atención de la oposición hacia otro lado para que, si ha de hablar, que hablar de cualquier cosa menos de economía. Así pues, basta con airear temas o simplemente hacer afirmaciones ante los que el PP no pueda quedarse callado, como los siguientes.

Senado multilingüe

Desde mi punto de vista una buena iniciativa en el momento inadecuado, siempre he pensado que el problema de los localismos es la incomprensión, y tal vez acercar estos localismos y regionalismos a la Cámara Alta ayude a solventar la situación (aunque austeridad económica y traducción no estrictamente necesaria son dos conceptos que no casen). Ahora bien, para un partido de corte centralista (no de vertiente política, sino de sistema administrativo) esto de que las mayorías tengan que adaptarse a las minorías entra más bien doblado, y debe pronunciarse en contra, cosa que le supone el rechazo de gallegos, vascos, catalanes, valencianos y baleares y le obliga a dar aún más explicaciones.

Derribos en el Cabañal

Punto peliagudo, aunque viejo. El PEPRI para el Cabañal se presentó en 1998, hace ya más de 10 años, y aunque los vecinos se han asociado y han luchado en plazas y juzgados para que se derogue el Gobierno Central nunca había intervenido... hasta ahora, que parece ser la principal preocupación de González-Sinde.

Preacusaciones en Gürtel

El caso Gürtel, que tiene visos de ser uno de los peores de cuantos han ocurrido en España (al menos de los que han salido a la luz) parece aceptar acusaciones prematuras. Las investigaciones siguen en curso, el caso no se ha cerrado, la sentencia no se ha dictado, pero ni PSOE ni prensa afín ven problema alguno en olvidarse de aquello de "presuntamente" y aplicar el apelativo de corrupto a todo lo que crea conveniente.

Inválidos válidos en el TC

El Tribunal Constitucional está pendiente de renovar desde hace años por un bloqueo de los conservadores, hecho que PSOE siempre quiso dejar claro. Ahora bien, cuando PSC ha tratado de basarse en esto para calificar el TC como inhábil para dirimir sobre la constitucionalidad del Estatut Catalán, ha saltado raudo para defender la legitimidad del mismo... Vamos, que mientras por un lado critica al PP por bloquear la renovación, por otro considera que no afecta para nada.


Y es que todo esto es lo que pasa cuando uno gobierna con mucho talante y poco talento. Que contentar a todos no es posible, así como no es posible mantener ayudas sociales sin subir impuestos en una economía decreciente o flexibilizar un mercado laboral sin alterar las condiciones de los trabajadores. Zapatero va a tener que armarse de realismo si quiere salir de esta y, a juzgar por los pasos que está tomando, no parece ir en la dirección correcta.