lunes, 17 de mayo de 2010

Para lo que de verdad importa

Ayer se jugó la final de la copa del mundo de críquet en su modalidad Twenty20, con victoria de Inglaterra sobre Australia. Australia había llegado a la final tras vencer contra todo pronóstico (y para gran regocijo de mi compañero de piso) a la vigente campeona, Paquistán (cuya conquista ya comentamos el año pasado), aunque no pudo culminar la gesta ante el poderoso y elegante juego de los ingleses.

El críquet es un deporte curioso donde un simple partido puede llegara a durar hasta varios días según las modalidades. Es, además, uno de los más antiguos, habiéndose encontrado referencias explícitas en documentos del siglo XVI e incluso se especula que Eduardo II de Inglaterra, siendo todavía príncipe, ya jugaba una versión antigua del juego tan pronto como en 1301. Pero lo más curioso del críquet son las protecciones físicas: en 1874 se decidió que el lanzamiento de una pelota dura por lo bajo y a gran velocidad podría dañar las joyas de mamá, y se incorporaron protectores testiculares al uniforme oficial... en 1974, 100 años después, se llegó a la conclusión de que un casco para proteger la cabeza también sería de utilidad.

Los criqueteros siempre tuvieron claras sus prioridades.