martes, 18 de mayo de 2010

London blossoms

Le comentaba a mi compañero de piso que Londres es como Hamlet pero al largo plazo: si el personaje de Shakespeare pasaba fácilmente de la depresión a la euforia y viceversa lo mismo le pasa a esta ciudad, aunque a un ritmo marcado por las estaciones. De la depresión del invierno oscuro a la alegría de una primavera brillante.

No soy solo yo, cosas empiezan a suceder. Puede ser que vayas tranquilamente de camino a casa y de pronto te cruces con el rodaje de alguna película o serie (no sé que zarajos era)...

... o con algún ricachón celebrando una fiesta privada en un velero, ¿veis a los músicos a la derecha y la mesa preparada con un arreglo floral?

El sol ya había calado en mí y antes de salir de la oficina ya había tomado la decisión de no encerrarme en el gimnasio sino tantear mi sesión de deporte con una carrera. Hoy, además, me sentía aventurero, así que al llegar a casa me he cambiado y he salido a explorar una ruta nueva hacia el este. Corriendo que te corre he ido a pasar junto a la entrada del túnel de Rotherhithe, túnel con más de 100 años de antigüedad y construido cuando el tráfico rodado aún iba tirado por caballos (cosa que me fascina). Siendo que aún permite el paso de viandantes no he podido evitar la tentación de tirarme a su boca oscura... bien, grave error.

Un túnel es un túnel, y como lugar para correr resulta aburrido hasta decir basta. Además las aceras son más bien estrechas y, para colmo, los ciclistas se niegan a pilotar por la calzada, así que uno corre con una incómoda sensación de inseguridad. El túnel no se diseñó para acoger vehículos que emitieran gases tóxicos (a excepción de las eventuales ventosidades hípicas) y no se instalaron salidas de aire adecuadas (carajo, está bajo el río, salida de aire puede ser sinónimo de entrada de agua), cosa que hace la calidad del aire lamentable... vamos, kilómetro y medio de penurias; no en vano el túnel entró en el top-10 de los más peligrosos de Europa hace unos años (el primero era el de Sóller, en Mallorca).

Empezaba a ver la luz al final del túnel (literalmente) cuando decidí que para volver a casa no utilizaría el túnel sino el Puente de la Torre, aunque ello me obligara a dar un rodeo considerable. Así que, cuando volví al exterior y me encontré en una zona en la que nunca antes había estado, empecé a orientarme de vuelta a la orilla del río y camino hacia el oeste. La verdad es que ha valido la pena, la cara norte del río entre el Puente de la Torre y el túnel de Rotherhithe es tan bonita que me han entrado ganas hasta de tener novia, regalándome perlas como estas vistas sobre el segundo centro financiero de Londres, Canary Wharf...

... o estos bares escondidos en coquetos rincones...

Al final, una ruta de unos 8km con numerosos desvíos exploratorios y paraditas para ver el paisaje, un paseíto que poco tiene de broma.

Pero para eso está la primavera, para salir y florecer.