viernes, 16 de abril de 2010

Buzzword

"Buzz" es, en inglés, un zumbido. Es el ruido que hacen las abejas o los coches eléctricos y, por extensión, es todo aquello que suena de manera incesante y sinsentido, un ruido de fondo que nada aporta sino confusión. De aquí surge la voz buzzword, refiriéndose a aquellas palabras de sonido flamante y significado ambiguo o exiguo que son usadas sin cesar por lo bien que parecen encajar en la frase sin que por ello aporten gran cosa al mensaje. Son palabras comodín, adornos superfluos que llena la boca del orador y los oídos de la audiencia.

En la cultura anglosajona la cultura de las buzzwords está muy arraigada. Existen listas recopilatorias e incluso juegos como el Buzzword Bingo, donde los asistentes a un mitin acuden con listas aleatorias de buzzwords típicas que van tachando según el orador las va nombrando, siendo el ganador el primero que las tacha todas y grita ¡Bingo!. No es cosa de broma, BRI Technologies ofrece una versión para iPhone y derivados por 1,59€ e IBM utilizó el concepto en una campaña comercial de 2007.

Pero, aunque la cosa venga del mundo inglés, España no es ajena al concepto. El mundo corporativo y muy especialmente la clase política utilizan este tipo de palabras constantemente; seguro que a más de uno todavía se le atraganta la búsqueda de sinergia de su jefe o se pregunta qué carajos significaba aquello de conservar el statu quo del peñasco Perejil. Es más, de manera más o menos reciente hay una serie de buzzwords que están poblando la prensa española por diversos motivos políticos y me ha parecido interesante analizarlas con detalle.

Democratizar

La democracia consisten en, resumiendo, otorgar el poder al pueblo según diversos mecanismos, generalmente media sufragio pasivo y/o activo. Para que la democracia sea efectiva se requieren ciertos elementos como son la igualdad (todo el mundo debe poder participar en el sufragio sin ningún tipo de discriminación) o la libertad de pensamiento y opinión (todo el mundo debe poder indicar su preferencia sin injerencias externas); al estar estos conceptos tan estrechamente ligados algunas personas empiezan a confundirlos y fusionarlos, creando la voz "democratizar" y atribuyéndolo a todo proceso que fomente la igualdad o la libertad de pensamiento sin que necesariamente se le esté otorgando ningún tipo de poder a ninguna población.

Es más, la aceptación generalizada de que la democracia es un estado deseable, probablemente la mejor de cuantas formas de gobierno se han conocido, hace que uno no pueda estar en contra de un proceso tildado de democratizante. De esta manera, para asegurar la viabilidad de un proyecto político y reducir la oposición uno no tiene más que justificar que tal proyecto "democratiza" un segmento concreto de la sociedad, dejando a opositores solo dos opciones: comulgar con el proyecto aún a regañadientes o ser vistos como antidemocráticos y por tanto indeseables.

Javier Redondo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid, argumentó largo y tendido sobre este fenómeno en su artículo La Democracia Hipertrofiada.

Anticonstitucional

Si tildar algo de democratizante es la manera más fácil de asegurar su supervivencia tacharlo de anticonstitucional es la vía rápida para desprestigiarlo. Estrictamente hablando, solo el Tribunal Constitucional tiene potestad para declarar un proyecto anticonstitucional, y solo para elementos de naturaleza jurídica como leyes, estatutos de autonomía, etc. No en vano, los políticos no escatiman en calificaciones de este tipo a troche y moche, ya sean las varias reformas durante los últimos años de varios estatutos de autonomía o la aparición de leyes como la del matrimonio homosexual o la de protección de mujeres contra violencia de género.

La cosa se torna bizarra en casos como el de la reciente polémica protagonizada por Jesús Neira. Neira, se hizo famoso tras quedar en coma al ser agredido por defender a una mujer que estaba siendo maltratada por su pareja, publicó recientemente un libro en el que vertía duras críticas contra la Constitución Española, tanto en su fondo como en la forma en la que esta fue creada. A pesar de polémico la opinión vertida es legalmente válida, ya que los derechos de libertad de expresión otorgados por la Carta Magna incluyen la disidencia para con la misma, pero esto no evitó que el libro fuera tachado de anticonstitucional.

Es más, Tomás Gómez, máximo dirigente del PSM, llegó a pedir la dimisión de Jesús Neira como presidente del Observatorio Contra la Violencia de Género en base a la "anticonstitucionalidad" de sus opiniones, y llegó incluso a sugerir que si Esperanza Aguirre había otorgado a Neira tal cargo debía ser que sus ideas eran igualmente anticonstitucionales y por tanto debía dimitir también. Anticonstitucional por arriba y por abajo, con sal y pimienta, con ajo y perejil. Anticonstitucional a lo que sea y como sea, todo sea por desgaste político.

Refrendado por el pueblo

Este es, sin lugar a dudas, mi favorito. Aquello que ha sido refrendado por el pueblo es intocable. Se trata de una decisión fuerte como un roble e inamovible como un maño. Un ejemplo de este abuso del término lo tenemos en el muy reciente y muy candente tema de los recursos de constitucionalidad del Estatuto de Autonomía Catalán; cuando a la decisión aún le faltan unos minutitos al microondas grupos como ERC ya se han pronunciado para decir que no acatarán ninguna sentencia que suponga un recorte del Estatuto, ya que este ha sido refrendado por el pueblo catalán.

Pero si el argumento llama la atención es porque, de producirse un recorte, este estaría debido a incompatibilidades con la Constitución, que por cierto también ha sido refrendada por el pueblo. Es más, si analizamos los números, resulta que en el referéndum para el Estatuto se obtuvo un 73,90% de respuestas afirmativas sobre una participación del 49,41%, lo que significa que, aplicando estadística básica, el Estatuto tiene el apoyo explícito del 36,51% del censo electoral; por otra parte, el referéndum celebrado con respecto a la Constitución se saldó con una respuesta afirmativa del 88,54% sobre una participación del 67,11%, lo cual implica que el 59,42% del censo electoral dio su apoyo explícito a la Carta Magna. No es necesario tener un doctorado en matemáticas avanzadas para concluir que, si de apoyo se trata, la Constitución tuvo más que el Estatuto y, por tanto, la primera está más refrendada por el pueblo que el segundo (por lo no hablar del hecho de que el censo que votó la Constitución incluía al pueblo catalán).

Pero esta frase no solo tiene efectos colaterales confusos, sino además contradictorios. Muchos habrán oído sobre los derribos y altercados que se están produciendo en el Cabanyal-Canyamelar en Valencia. Algunos medios presentan el tema como una actividad legítima del ayuntamiento que el Gobierno Central quiere desprestigiar por el simple hecho del color del partido que gobierna localmente, otros afirman que la testarudez de Barberá la está llevando a acciones desconsideradas y que no gozan del apoyo de la sociedad... pero, ¿es esto realmente cierto? Repasando la cronología de los principales hitos en el asunto Cabanyal y las últimas elecciones municipales en Valencia llegamos a conclusiones curiosas:


  • 1991: Rita Barberá es elegida como alcaldesa de Valencia (y ojo que hace ya 19 años).
  • 1995: Rita Barberá es reelegida.
  • 1998: Se presenta el PEPRI del Cabanyal que ya incluye como proyecto la partición del barrio en dos.
  • 1999: Rita Barberá vuelve a ser reelegida; de aquí se podría desprender que el pueblo en su conjunto no está en grave desacuerdo con las actuaciones de la alcaldesa.
  • 2001: La Generalitat Valenciana aprueba el PEPRI; la sociedad Salvem el Cabanyal lleva el caso al TSJCV.
  • 2002: El TSJCV suspende provisionalmente el plan hasta ver qué se hace con las casas de la zona declarada BIC. En este punto ya está claro de qué pie cojean tanto ayuntamiento como Generalitat.
  • 2003: Rita Barberá vuelve a ser reelegida (y van cuatro seguidas). Si el pueblo en su conjunto no está de acuerdo con las actuaciones del Cabanyal esto no parece afectar a las votaciones.
  • 2004: El TSJCV reconsidera su postura y consiente los derribos, Salvem el Cabanyal lleva el caso al Tribunal Supremo.
  • 2007: Rita Barberá es elegida alcaldesa por quinta vez consecutiva, esta vez incluso batiendo récords al superar el máximo histórico electoral (ganó en todos los distritos con una diferencia de al menos el 10% sobre la alcaldable socialista Carmen Alborch). Si esto no es apoyar las decisiones de una alcaldesa, que baje Dios y lo vea.
  • 2008: El TS avala la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez y la partición en dos del Cabanyal.
  • 2009: El TS acepta recursos del ayuntamiento sobre paralizaciones de derribos, permitiendo por tanto que estos se inicien.
  • 2010: No sin cierta batalla jurídica entre gobierno central y ayuntamiento empiezan algunos derribos en el barrio.
  • 2011: ¿Alguien quiere apostar quién saldrá elegida? ¿Las decisiones de quién serán refrendadas por el pueblo?

Y es que es lo malo de las buzzwords, que pueden salirte por la culata y estallarte en la cara cual Ley de Godwin. Algo similar a lo que le pasó a Ana Botella, que ante las críticas a Aznar por su participación en la guerra de Irak defendió a su marido aduciendo que, si le habían votado, era porque la gente confiaba en su criterio, así que tenía plena potestad para decidir (agradeceré si alguien me puede proporcionar la cita, hablo de memoria)... en otras palabras, Ana Botella defendía que la posición de Aznar había sido refrendada por el pueblo, ¡juas!


Tantas y tantas palabras mágicas, que hablan mucho y dicen poco, que atan y desatan, que no aclaran pero llenan... ¿cuál es tu preferida?