viernes, 12 de marzo de 2010

La Tarara

Reza la canción La Tarara Sí, La Tarara no, cosa que se me antoja semejante a la cantinela que hemos escuchado durante las dos últimas semanas: el toreo sí, el toreo no. Desde Barcelona surge una iniciativa que pretende prohibir las corridas de toros en Cataluña y todo el mundo se ha sumado a la fiesta: partidarios, detractores, manifestantes, tontolabas y gente que pasaba por allí por que vio un tumulto y pensó que regalaban caramelos.

Durante estas dos semanas he permanecido estratégicamente calladito, viendo y leyendo y atento a los argumentos de unos y otros para, ahora sí, tratar de forjar una buena opinión al respecto. Y he aquí que me he encontrado que, como ejercicio intelectual, el debate es más que interesante.

En el corazón de la propuesta parece estar la crueldad de torturar a un toro hasta la muerte, la crueldad de verlo sufrir, de verlo sangrar por boca y lomo hasta que el torero le da el espadazo final (o el descabello si yerra en el hierro). Ahora bien, puede que gran parte de la problemática no sea precisamente lo que vemos sino lo que no vemos: hace unos años, estando con un amigo veterinario en las fiestas de Turís (donde el toro es componente esencial), oí de su boca que "si tuviera que elegir de entre todos los animales sometidos por el hombre, sin duda elegiría ser toro de lidia". El comentario me sorprendió especialmente por venir de alguien cuya profesión se basa en el bienestar y la salud de los animales, así que pedí una explicación:

Ponte como ejemplo una vaca frisona, de las que se utilizan comúnmente como lecheras. La vaca, como todo mamífero, solo da leche en los meses posteriores al parto. Cuando una vaca nace se les hormona para que alcancen la edad adulta lo antes posible y, en cuanto lo hacen, se les preña bien utilizando a un toro frisón semental o bien inyectando semen de toro con una jeringa. Una vez la vaca ha parido, se aparta al ternero y se conecta la vaca a los "ordeñadores", que son estas máquinas que tratan de sacar cuanta más leche posible de la vaca. Con frecuencia se alarga el periodo de lactancia hasta el límite mediante medicamentos y otras sustancias... y cuando la vaca ya ha dejado de dar leche se la vuelve a preñar para reiniciar el ciclo.

Durante todo este proceso la vaca permanece en un cubículo lo más pequeño posible, de manera que el ganadero pueda acomodar mayor ganado en un espacio reducido para reducir costes (cosa que agradeces cuando vas a Mercadona y la leche te cuesta 1,5€ en lugar de 3€). Y todo esto es lo que se hace con las vacas, que es un animal caro y necesita cuidados para asegurar la inversión, no quieres saber cómo se trata a pollos o corderos.
Vaya, desde luego la cosa choca con la explicación que otro amigo, este investigador en el museo taurino de Valencia, me dio sobre la vida del toro de lidia: se le deja suelto en la dehesa y se le controla de vez en cuando, pero minimizando el contacto con el hombre. La cría del toro de lidia implica dejar intactos al mayor grado posible su carácter salvaje y temperamental para que la posterior lucha con el hombre sea lo más "auténtica" posible; así, se pretende que cuando el toro luche por su vida en el ruedo este sea su primer contacto real con un hombre (hasta el punto de que no pocos biólogos definen la cría del toro de lidia como un fantástico ejemplo de equilibrio ente rendimiento económico y conservación de biodiversidad o un ejemplo a seguir en la recuperación del extinto uro).

Ahora bien, el toro no necesariamente tiene que morir ante el torero: si su trapío es especialmente valioso y da muestras de tener un carácter excepcional el toro puede ser indultado, curado de todas sus heridas y utilizado durante el resto de su vida como semental. Dicho esto, no es de extrañar que mi amigo prefiriera una vida tranquila en la dehesa seguida de una lucha a muerte de la que tal vez salga vencedor y se gane un "paraíso en la tierra" antes que una existencia hiperhormonada y encerrado en un cubículo. Desde luego más de una palabra acerca de la dignidad del animal se puede decir en ambos casos.

Por supuesto los hay quienes afirman que la "indignidad" del animal para alimentar al hombre está justificada, no así para su divertimento. Otra vez creo que el problema está en que vemos este maltrato, porque igual de indigna (o peor) es la vida de los animales de laboratorio cuya piel, ojos o pelo son maltratados en aras del desarrollo de nuevos cosméticos.

Vueltas al dolor aparte, existe una cuestión que algunos han planteado y que ha quedado irresoluta: si el núcleo de la cuestión está simplemente en el dolor del animal, ¿por qué prohibir las corridas? ¿Por qué no simplemente regularlas para que se evite todo maltrato como se hace en Portugal? En el toreo luso el toro porta una lámina de velcro sobre su lomo de manera que las banderillas se adhieren en lugar de clavarse y no hay entrada a matar, versión de la fiesta que es popular incluso en California (donde se conoce como bloodless bullfighting).

Esta pregunta sin respuesta lleva a un punto que los detractores del toreo han tratado evitar: el de la identidad. Muchos son los que dicen que el desencadenante de la propuesta no es tanto lo que el animal sufra o no sufra como el hecho de que la tauromaquia sea un arte característicamente español. Tal cuestión no puede ser dejada de lado si se tienen en cuenta el claro rechazo de otros elementos similarmente taurinos y españoles, como fue el derribo por parte de radicales del último toro de Osborne que quedaba en Cataluña o comentarios comunes en foros y redes que afirman que la Monumental solo se llena cuando viene José Tomás y "mayoritariamente de gente de fuera de Cataluña", como si el hecho de que a un espectáculo acuda mayoritariamente gente de fuera de la comunidad fuera motivo suficiente para cancelarlo (si lo fuera también se deberían prohibir los conciertos de los Rolling Stones).

Pero el indicativo más evidente de que esto no es solo una cuestión de maltrato animal es precisamente el revuelo que se ha creado: que se prohíban los toros en sí podría ser noticia o no serlo, pero que Cataluña los prohíba es algo que tiene una trascendencia mayor. En Canarias son ilegales desde hace casi 20 años (LEY 8/1991, de 30 de abril, de protección de los animales), pero no es algo que parezca preocupar; sin embargo, si se hace desde Barcelona, surge el sector chulesco de Madrid (encabezado por doña Espe), incapaz de callarse la falta ante un envite, y nos viene con que "si tú lo prohíbes, yo lo blindo", iniciativa que al parecer será secundada por las Comunidades Murciana y Valenciana.

Mucho más se podría decir, pero creo que ya me estoy extendiendo demasiado. Ha habido errores garrafales, como incluir en la propuesta que se llevó al Parlament una especie de toro ya extinta o comparar la lidia con la violencia doméstica tildando ambas de "tradición". Ha habido argumentos interesantes, tanto a favor como en contra. Algunos de ellos maravillosos, hilados con tal finura que parece imposible rechazarlos, entrando en un estado de confusión máxima al estar de acuerdo con ambos bandos. Yo, tras mucho cavilar, me abstengo de decantarme por un lado o el otro.

¿Arte? Yo no lo veo, pero entiendo que el que yo no sea capaz de verlo no significa necesariamente que no lo haya. A partir de aquí cada cual con lo suyo.