viernes, 8 de enero de 2010

Vive la Révolution!

Francia la está liando en el mundo digital, y bien gorda. La Revolución que cambió al país para siempre a finales del siglo XVIII tuvo como catalizador el absolutismo de una oligarquía de excesos que constreñía a una pujante clase media cuyo acceso al poder estaba vetado, y a una desesperada (y numerosa) clase baja que moría de hambre. El resultado es bien conocido: monarcas decapitados, Francia cubierta de sangre y un cambio de orden en la política nacional.

Hoy el gabiente de Sarkozy parece seguir una tendencia igualmente absolutista en el mundo digital. Hace ya casi un año las asociaciones de internautas se echaban las manos a la cabeza ante la presentación de la ley HADOPI (popularmente conocida como Ley de los tres avisos) por la que un proveedor de Internet podía cortar el acceso a un usuario sin ninguna intervención judicial si, tras tres avisos, el navegante no ciaba en su empeño de descargar obras protegidas por derechos de autor. La ley fue tumbada por sorpresa, pero la batalla sigue por sacarla adelante aun a pesar de los últimos escollos.

Mientras tanto, Francia se enzarzaba en otra batalla con el gigante de Internet Google y su muy debatida iniciativa de digitalizar libros. El juez finalmente falló a favor de los editores, obligando a Google a pagar 300 000€ por daños más una multa de 10 000€ diarios hasta que eliminase toda traza de libros franceses en sus motores de búsqueda.

La última es su nuevo plan para imponer un impuesto especial a la publicidad en Internet, principalmente abandera por empresas como Google. El impuesto es considerablemente revolucionario en el sentido de que gravará la actividad independientemente de dónde se halle el servicio (criterio comúnmente utilizado hasta ahora), sino que se basará en la localización del usuario; dicho de otra manera, si el usuario está en Francia, el impuesto será cargado incluso si el proveedor se encuentra en Irlanda.

Ahora solo queda saber si el férreo control que Sarkozy quiere imponer en la era digital acabará desembocando en una nueva revuelta popular... eso sí, espero que esta vez no rueden cabezas.