sábado, 2 de enero de 2010

2010: Felices deseos

Los números siempre han tenido una connotación auspiciosa, tal vez debida a su perfección inmutable: dos más dos son cuatro y lo seguirán siendo independientemente de la nueva cara de la Esteban; creo que es por eso que damos especial significado a números que presenten ciertas particularidades, a pesar de que a los números mismos nuestro devenir les importe un carajo.

2000 fue un año significativo en el que muchos proyectos arrancaron en mi vida, y 2010 resulta suficientemente redondo como para constituir una meta volante en la que revisar su estado actual. Algunos fueron cerrados para dar paso a otros de mayor calado personal, otros simplemente acabaron por sí solos. En cualquier caso, el camino andado no es sino recordatorio del camino por recorrer, y dado lo rápido que han pasado estos últimos 10 años se me antoja sensato sentarme y preguntarme: ¿y ahora qué?

Es por eso, y porque ya os felicité 2010 el año pasado, que he querido pararme a pensar en lo que vendrá después, en las cuentas pendientes, y he dado pistoletazo de salida a mi Lista De Cosas Que Hacer Antes De Morir. La idea es actualizarla año tras año, tal vez añadiendo elementos, pero definitivamente marcando como completado al menos uno de ellos cada año. Hoy por hoy, la lista es la siguiente:
  • Correr la Volta a Peu de Valencia.
  • Ver amanecer desde lo alto del monte Fuji.
  • Bailar salsa con Anita Santos Rubín.
  • Atravesar el Sáhara.
  • Conducir de costa a costa por la US 50.
  • Recorrer el Camino de Santiago, ¡desde Roncesvalles!
  • Correr la carrera de San Silvestre.
  • Asistir a la ceremonia conmemorativa del bombardeo atómico del 6 agosto en Hiroshima.
  • Celebrar el cambio de año en Times Square, Nueva York.
  • Bailar a ritmo de samba en el Carnaval de Río.
  • Correr la Cursa de la Mercé en Barcelona.
  • Rodear Islandia en bicicleta durmiendo al raso bajo el sol de medianoche.
Para 2010 quiero concentrarme en las carreras, espero hacer al menos dos de ellas este año. El tiempo pasa y las obligaciones nos arrastran hacia una rutina enemiga de lo anterior, pero vive Dios que haré mis deberes.

Felices deseos.