jueves, 26 de noviembre de 2009

Trading Places

¿Recordáis la película? En España fue titulada Entre pillos anda el juego (traducción muy desafortunada desde mi punto de vista), y aunque pretende ser un tanto cómica muestra grandes verdades sobre el mundo de los mercados. La escena final es simplemente mi preferida...



Y lo es porque es real, y lo sigue siendo para bolsas tan emblemáticas como la de Nueva York (Wall Street). No ocurre así en todos los mercados, la Bolsa de Londres, por ejemplo, hace ya tiempo que se convirtió en puramente electrónica, y ahora la gente ya no necesita acudir al parqué para comprar y vender, lo hace cada uno desde su puesto de mando (de hecho, hay quien dice que esto le ha quitado a la Bolsa de Londres parte de su glamour). Nada que ver con sus análogos americanos, donde la apertura del mercado, marcada por la campana de inicio u opening bell, es toda una tradición folclórica.

Pero lo que más me gusta de los mercados es, sobre todo, su variedad. Hay de todos los tipos y comercian todos los productos, y cuando digo todos los productos no me refiero a todos los tipos de "papel" (acciones, bonos, etc.), sino a verdaderamente todo tipo de productos. En Londres tenemos un mercado para el oro, el London Gold Exchange, y otro para el resto de metales, el London Metal Exchange. También existe un mercado específico para los futuros, el LIFFE, que ahora forma parte del conglomerado de NYSE Euronext; tal vez a alguno le suene raro que un mercado haya sido comprado por otro mercado, pero es que los mercados no dejan de ser empresas cuyo servicio es la posibilidad de comerciar... de hecho la propia bolsa española, la empresa Bolsas y Mercados Españoles, salió a bolsa hace unos años.

El colmo de las extravangancias probablemente se lo lleve el Chicago Mercantile Exchange, donde uno puede comerciar cuanto imagine. Es más, la variedad de productos casi asemeja más este grupo a una casa de apuestas sui generis que a un mercado. El crudo, el carbón, el zumo de naranja, el azúcar, la soja o diversas divisas son las cosas más mundanas que aquí se ofrecen, llegando incluso a mercadearse futuros sobre nevadas o huracanes. Y es que en EE UU son unos profesionales de la inventiva financiera, hasta crearon una segunda bolsa de valores paralela a Wall Street exclusiva para empresas tecnológicas: el NASDAQ (entre cuyos fundadores estuvo el denostado Bernard Madoff).

¿Qué será lo próximo? Hay quien dice que lo más de lo más serán los nuevos mercados para negociar las emisiones de CO2, aunque esto en realidad no resulta tan novedoso, ya que es un sistema que ya se puso en práctica en EE UU en la década de los 90 para reducir la emisión de SO2 y los problemas de lluvia ácida que esta causaba. Sea como fuere, todo apunta a que gran parte de este nuevo mercado se concentrará también en Chicago, concretamente en el Chicago Climate Exchange.

Lo más curioso es que hasta elementos ajenos al mundo financiero empiezan a crear pequeños mercados también. El mismísimo Google, el Rey de Internet, anunciaba hace un par de meses la creación de un mercado de espacios para anuncios/anunciantes. La idea es sencilla: existen cientos de miles de "huecos" esparcidos por las numerosísimas páginas web de Internet esperando un anunciante al que cobrar, mientras que también existen numerosos anunciantes queriendo ubicar su mensaje en el lugar adecuado; Google vio las dos piezas del puzzle y decidió encajarlas. Y se obró el milagro.

Es cierto que cuando se habla de mercados, bolsas y acciones la mayoría de la gente suele pensar en sucios especuladores que se enriquecen a costa de los demás... y en un pequeño porcentaje tienen razón. Puede que en estos tiempos de crisis de liquidez la gente tienda a criticar aún más los mercados financieros, pero al mirarlos con perspectiva vemos que en realidad cumplen con su función dentro del esquema social, y que es la actividad irresponsable de una minoría la que les hace ganar esa fama. Si no me creéis, imaginad un mundo donde todos los anteriores no existieran y decidme si habría sido posible el desarrollo que hemos experimentado.