sábado, 17 de octubre de 2009

El Síndrome de Gregory House

Me encanta House, es una de mis series favoritas, y ahora que ha empezado la sexta temporada estoy más enganchado que nunca. House, que es tan sumamente talentoso haciendo diagnósticos, adquiere cierto complejo de Dios y a veces piensa que sabe lo que el paciente padece antes incluso de hacer análisis o ver resultados, llegando en ocasiones a administrar medicamentos sin haber contrastado sus sospechas. Esto es lo que yo llamo El Síndrome de Gregory House.

Algo así adolece de tanto en tanto Apple, que es sofisticada hasta decir basta. Ya comentamos en su día la sutileza e inteligencia de la empresa de Cupertino, pero la última ha sido su reacción frente al lanzamiento de Windows 7: lejos de temer la competición que esto pueda representar, considera que la corporación basada en Redmond distribuirá un producto de tan mala calidad que los usuarios acabarán huyendo de él para refugiarse en los estilizados Mac.

Ahora bien, este tipo de reacciones no les viene de nuevo, sino que tienen una desafortunada tendencia a la soberbia. Uno de los casos más sonados es el de 1981 cuando IBM decidió ir más allá de su negocio de los mainframe y pasar al terreno de los ordenadores personales, donde Apple estaba haciendo un buen dinero. Como en el caso de Windows 7, Apple no solo no se amilanó por la nueva competencia sino que incluso se atrevió a publicar el 24 de agosto de ese mismo año un descarado anuncio a toda página en el Wall Street Journal con una sospechosa "bienvenida":


No diré que el batacazo que Microsoft se ha dado con Windows Vista no justifique ciertos comentarios arrogantes, pero como Windows 7 suponga un éxito los de Apple van a quedar como niñitos pijos malcriados (cosa que, con el gran aprecio y respeto que les tengo, lamentaría mucho).