lunes, 28 de septiembre de 2009

A Zapatero le puede salir el tiro por la culata

Bill Clinton solía quejarse de que durante su mandato EE UU no sufrió ninguna crisis de especial relevancia, y no lo hacía porque quisiera que su país pasara malos tiempos, sino porque quería enfrentarse a problemas magnos que requirieran de una gran habilidad para ser resueltos. Es decir, Bill Clinton habría querido que su país sufriera una crisis durante su mandato para tener la satisfacción de resolverla.

Dudo mucho que José Luis Rodríguez Zapatero comparta el sentimiento de Clinton, sino más bien creo que le envidia. A Zapatero le ha tocado vivir la que probablemente sea la peor crisis de la historia reciente del país, con una tasa de desempleo que flirtea con el 20%, una credibilidad crediticia a la baja, unos sindicatos y patronal que siguen erre que erre y, para postre (o ausencia de), no cuenta con la posibilidad de devaluar la moneda para fomentar la entrada de dinero externo como solía hacer su antecesor Felipe González.

Son muchos los que piensan que Zapatero, incapaz de salvar los muebles, se conforma con capear el temporal con una sábana atada un palo y salvar, si acaso, su culo. Y, a juzgar por las medidas y afirmaciones populistas de alto calado mediático pero poca eficacia macroeconómica, se diría que tienen razón al pensar así. La cosa empezó con la campaña electoral antes de las elecciones de 2008 y su famosa ayuda de 400€, fácil de leer como "vótame y te doy 400€" y de pícaramente ultrajar con "se compran votos a 400€, razón en C/ Ferraz 70".

Lo siguiente fue la técnica Nixon: niégalo todo. Primero negar que la tal crisis existiera, luego aceptarla pero negar que nos afectara demasiado (al menos no más que a los demás). Los reajustes en el modelo de financiación autonómica entraron en escena y se planteó un nuevo sistema que, según Zapatero, daría más dinero a todas las CC AA, dejaría más dinero libre para el Estado y lo conseguiría sin subir los impuestos. Una promesa fantástica, pero hasta los más fervientes creyentes empezaron a dudar que tamaño logro pudiera conseguirse en el contexto económico que nos envolvía.

Mi abuelo, que era minero y tenía que sacar adelante una familia con ocho retoños (sí, ocho), arañaba cuartos de dónde podía y cada año le regalaba a su hijo, mi tío, la misma pelota de fútbol lavada y remendada. El truco le duró varios años, pero llegó un punto en que la pelota ya no dio más de sí y tuvo que tirarla y aconsejarle a mi tío que se buscara otra afición. Algo así le ha acabado pasando a Zapatero que, tras regalarle al pueblo la misma ilusión envuelta en diferentes colores, ha terminado por quedarse sin papel charol y ha tenido que desecharla y venirnos con la cruda verdad: el Estado se queda sin dinero, así que se acaban las ayudas y se suben los impuestos. Se siente.

Para evitar que sus acólitos se rasgaran las vestiduras acompañó tan amargo trago con dos edulcorantes típicos: la cortina de humo, minimizando la importancia de la crisis económica y desviando la atención hacia el cambio climático (y de paso tratando de reflotar su fallida Alianza de Civilizaciones), y el espíritu de Robin Hood, proclamando que la subida de impuestos será solo para los ricos quienes deberán solidarizarse con el resto del pueblo español.

Pero, ¡ay Carmela! Vigílate el azúcar que eres diabética. Para empezar, y sin desdeñar la importancia del cambio climático, no es lo que más debe preocuparnos en este momento. El cambio climático es un problema que no entiende de fronteras, afecta a todos por igual, pero además se soluciona para todos por igual. Ningún país puede solucionar el cambio climático para los suyos y dejar el resto a su suerte, por lo que aunque España estuviera sumida en la miseria y no tuviera ni para un tercer Plan E (que el segundo ya está en camino), otros países que no estén tan mal podrían ponerse manos a la obra y zanjar el asunto... no digo que España no deba hacer su parte en este asunto, ¡debe!, pero sí digo que aunque no pudiera colaborar acabaría teniendo el asunto resuelto por manos de otros.

La crisis económica, por contra, sí entiende de fronteras. Francia, Alemania y Reino Unido ya han anunciado que han salido oficialmente de la recesión, por lo que lo más probable es que enfoquen sus acciones futuras a estabilizar y crecer más que a solucionar. Los europeístas dirán que nuestros aliados continentales nos ayudarán a salir de esta situación, pero siendo que Sarkozy es más amigo de Aznar que de Zapatero, que Merkel se ha desecho de los socialdemócratas tras las últimas elecciones alemanas y que los Tories están arrasando en las encuestas de cara a las elecciones británicas del año que viene, yo no contaría con una colaboración internacional exacerbada.

Pero el globo que Zapatero puede estar hinchando desmesuradamente y que puede acabar estallándole en la cara viene de la mano de su segundo caramelo. El Presidente planea subir los impuestos a aquellos que más ganan, y resulta que los que más ganan se sitúan, por este orden, en Comunidad de Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña. País Vasco y Navarra son comunidades forales con concierto económico propio, lo que significa que un cambio en los impuestos no les afecta; esto deja a los principales afectados en Madrid y Cataluña. Puedo imaginarme a madrileños relativamente resignados ante la imposición de arrimar el hombro, pero en Cataluña ya están bastante quemados con eso de la solidaridad hacia el resto de España (acuérdense de aquel incidente con los niños extremeños), y apretar más las cuerdas no hará sino empeorar la situación. El Constitucional podría acabar avalando algunas de las aspiraciones nacionalistas de l'Estatut catalán, cosa que fortalecería a Cataluña y la haría mucho más propensa a resistir este envite tributario.

Y, por supuesto, de todo esto hará rapiña la oposición, quien intentará sacudirse de encima los escándalos de corrupción (hasta ahora ninguno judicialmente confirmado, pero ahí están) y aprovechar para lanzar los ataques de siempre: desmembramiento de España, economía en decaimiento, pobres relaciones internacionales, etc., etc.

Nuestro pobre Zapatero (porque, estemos de acuerdo con él o no lo estemos, es Presidente de todos) acabará con más de un dolor de cabeza ante lo que le ha caído y lo que le caerá, espero que no acabe enganchado a las pastillas como parece que está acabando Gordon Brown...