domingo, 13 de septiembre de 2009

El padre de la informática, exculpado

Esta es una historia de esas que solo suelen conocer los que dedican su tiempo a una materia concreta. Una historia que pasa desapercibida para el público general, especialmente porque otras más emocionantes (y generalmente menos veraces) la cubren con una imagen de lucha y éxito siempre atractiva para el ciudadano medio. El protagonista de esta historia es Alan Turing, descrito normalmente como un matemático de mediados del siglo XX, y la razón de su protagonismo hoy es que ayer, 10 de septiembre, el gobierno británico publicó una disculpa oficial por el trato "inhumano" que le ofreció.

Uno puede leer cuál fue el trato ofrecido y el porqué de lo inhumano, y por supuesto comulgar con la disculpa, pero no podrá sino preguntarse qué más esconde este relato cuando un medio tecnológico como es El Navegante de elmundo.es se hace eco de esta noticia, ¿qué tiene que ver un matemático de hace 60 años con la tecnología? Pues mucho, por no decir todo.

Como suelen recoger la mayoría de las historias sobre Alan Turing, nuestro matemático se hizo famoso por su trabajo durante la segunda guerra mundial descifrando los mensajes alemanes codificados mediante la máquina Enigma. Pero no vayamos tan rápido... La susodicha máquina fue diseñada en 1920 con objetivos comerciales, aunque ya se utilizó en el ámbito militar durante la Guerra Civil española; esto evidenció sus puntos débiles, que fueron en parte subsanados mediante una serie de modificaciones por el ejército alemán para su uso durante la Segunda Guerra Mundial.

En un inicio fueron matemáticos polacos, y no británicos, los que descubrieron cómo descifrar los mensajes alemanes. Sin embargo los alemanes dieron unas cuantas vueltas de tuerca adicionales y complicaron aún más el diseño de Enigma, convirtiendo los esfuerzos polacos en un buen pero insuficiente comienzo. Fue entonces cuando entró en juego el gobierno británico quien, en colaboración con la inteligencia polaca, estableció en la mansión de Bletchley Park un centro de operaciones desde el que trabajar masivamente en el descifrado de Enigma; fue aquí donde nació la informática (y no en un garaje como se suele decir).

Alan Turing estaba en el conjunto de operarios que trabajaba en Bletchley Park, aunque no fue uno más. Unos años antes había publicado un trabajo a través de la Sociedad Matemática de Londres en el que describía lo que vino a conocerse como la Máquina de Turing: un formalismo matemático que describe el funcionamiento de una máquina programable y capaz de procesar información de manera automática. Tal formalismo fue la base para diseñar primeramente el Colossus, primer computador utilizado en Bletchley Park para asistir en el descifrado de códigos alemanes, y posteriormente todos los demás ordenadores y microcontroladores del mundo.

Pero Turing no era solo un matemático, era una persona, y como toda persona tenía su vida privada. Nicholas Wilcox (heterónimo de Juan Eslava Galán) lo incluye en su novela Las Trompetas de Jericó (segunda entrega de la Trilogía Templaria) y lo describe como un hombre obsesionado con la película de Blancanieves y los siete enanitos hasta el punto de haberla visto docenas de veces y saberse todos los diálogos de memoria. Que un hombre hecho y derecho estuviera obsesionado con una película infantil allá por los años 40 no debía estar visto con buenos ojos, y su confesión posterior de haber mantenido relaciones sexuales con otro hombre todavía menos. En aquella época la ley británica aún tipificaba la homosexualidad como delito y como enfermedad, por lo que Alan Turing, a pesar de sus logros durante la Segunda Guerra mundial, fue despojado de su cátedra, condenado a arresto domiciliario y obligado a mantener un tratamiento hormonal que lo librara de su "libido pecaminosa". Como es de suponer esto destrozó al pobre Alan, quien tras años en esta situación decidió acabar con su vida al estilo de su más admirada musa: tomó una manzana, la recubrió de cianuro y la mordió.

Dado lo mucho que el gobierno británico tiene que agradecer a este genio y lo erróneamente que lo trató en el pasado la disculpa emitida por Gordon Brown está más que justificada pero, ¿significa esto que Turing ha estado condenado al ostracismo durante todos estos años? No, realmente no. Cierta empresa informática, cuya creatividad y genialidad están a la altura de la del propio Turing, decidió ofrecer un tributo a su muerte desde el momento de su creación. Este tributo es sutil, discreto, tanto que cientos de millones de personas en todo el mundo lo tienen en sus manos sin ni siquiera saberlo... como lo ha sido el trabajo de Turing, que ha revolucionado el mundo de la tecnología sin que haya recibido mucho crédito por parte del público general.

En 1976, Steve Jobs y Steve Wozniak fundan Apple Computer, escogiendo la manzana no solo como nombre sino también como imagen de la empresa. Ahora bien, la manzana estilizada de color de plata de hoy no es exactamente la misma que la que se utilizó durante los primeros años de vida de la empresa, siendo aquella una versión mucho más colorida que seguro algunos recordarán:


Y aquí es donde está el sutil tributo, el reconocimiento al verdadero padre de la informática: los colores de la bandera gay, pues fue su homosexualidad lo que le hizo a Turing perder su prestigio, enmarcados en la forma de una manzana mordida, pues fue la manera en que Turing decidió morir. Tan brillante y obvio que pocos lo ven.

Como informático que soy, y ganándome el pan gracias al desarrollo de este genio, no puedo sino unirme al primer ministro británico y decir: Alan, te mereciste algo mejor.