lunes, 27 de julio de 2009

Reencuentros con el pasado

Recientemente he tenido la oportunidad de reencontrarme con un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía, unos seis años aproximadamente. Perdimos el contacto por completo durante una buena temporada, aunque en los últimos meses hemos estado recuperando posiciones hasta que se ha producido nuestro encuentro.

Me preguntaba cómo sería ahora, si habría cambiado después de tanto tiempo. Recordaba a mi amigo como una persona enamoradiza y con algún que otro pájaro en la cabeza, tan pronto conocía a una chica maja se perdía en ensoñaciones sobre lo que sus amigos pensarían de ella, cómo sería una vida en común o qué tal resultaría la celebración de su matrimonio. No ha cambiado demasiado, sigue siendo enamoradizo y sensible hasta decir basta, pero creo que el paso de los años le ha dado madurez a su emotividad, ha ordenado ese turbio torbellino de sentimientos que suelen habitar en las personas como él para dar paso a un sentimiento intenso pero cristalino y bien definido.

Solía decir que quería tener novia; ahora es más preciso y matiza que lo que quiere es enamorarse, o expresándolo con sus propias palabras, "sentirme pequeño, humilde, ínfimo al lado de las grandes virtudes de la mujer que ha decidido compartir su vida conmigo; quiero que me embargue esa sensación de estar en un puesto de trabajo para el que no estás del todo preparado, con la necesidad constante de hacer méritos, de felicitarla en detalles, de arrancarle risas y sonrisas que me lleven paso a pasito a merecer el regalo de su compañía". Definitivamente, si consigue encontrar a alguien que le corresponda será el hombre más feliz del mundo, pero si no... me pregunto cuánto tiempo aguantará en la nevera un corazón tan lleno de amor antes de que se eche a perder.