viernes, 17 de julio de 2009

Por la boca muere el pez

Aunque estoy en desacuerdo con el 99% de sus ideas y opiniones, siempre he dicho que Carod-Rovira es un político inteligente aunque con un problema de autocontrol... al pobre le pierde la boca.

Daniel Sirera, diputado del PPC, estaba cuestionando la necesidad o cuanto menos idoneidad de las polémicas delegaciones exteriores de Cataluña mientras Carod-Rovira las defendía con uñas y dientes (porque lo de capa y espada queda demasiado taurino). Al final, en un arrebato de los suyos, acabó por argumentar "¿Sabe usted, señor Sirera, cuántas embajadas nuevas ha abierto España en el último año?, pues se lo voy a decir: son 20". Y es aquí donde ha metido la pata.

Señor Carod-Rovira, desde mi humilde opinión, la idoneidad de la apertura de nuevas delegaciones viene decidida por a) el coste que van a suponer y la situación financiera actual del gobierno catalán y b) los posibles beneficios en cuanto a comercio exterior que tales delegaciones pueden conseguir. El hecho de que otro estamento administrativo, el gobierno central en este caso, abra más o menos embajadas no debería ser relevante, ¿o es que acaso el objetivo de las delegaciones catalanas es rivalizar con las embajadas españolas? ¿le está echando una carrera a Moratinos, a ver quien saca más?

Estos arrebatos hacen entrever que la clase política catalana no busca cooperar con el Estaso Español, sino más bien competir contra él, cosa que no le granjeará demasiadas amistades. También es cierto que, dadas su inclinaciones (las cuales respeto sin compartirlas, siguiendo esa línea erróneamente atribuida a Voltaire), este bien podía ser su objetivo final, aunque le pido que recapacite en aras de una armoniosa convivencia. Yo por mi parte, como no-catalán amante confeso de la cultura catalana, me comprometo a hacer lo mismo.