lunes, 15 de junio de 2009

Compañeros de viaje

Me encanta viajar. Y por viajar no me refiero solo al hecho de descubrir nuevos restaurantes, visitar museos y “ver piedras” en general, yo disfruto el viaje en sí, el rato que paso en el tren o en el avión y las experiencias que allí vivo.

Hoy, después de pasar un tranquilo de fin de semana de vuelta a casa con la familia, me tocaba volver a la realidad, embarcar en un vuelo de Ryan Air y prepararme para mi camino a la oficina dentro de 9 horas. La llegada ha sido un desastre, por primera vez desde que viajo con los irlandeses me han obligado a meter el portátil en la maleta de cabina, solo para que después no hubiera suficiente espacio y tuvieran que llevarla a la bodega. Sentado en primera fila como estaba veo cómo cogen mi maleta y se la llevan, y el hombre sentado a mi derecha, un inglés en la cincuentena, me suelta con una sonrisa “mírala bien, porque es la última vez que la ves”. “Dios, menos mal que he sacado las tarjetas de crédito” fue mi respuesta.

Ese hombre me ha alegrado el viaje. Resultó ser el gerente de un table-dance club, es decir, un lugar donde bailan frente a ti mujeres sacadas de una película de James Bond o de una promesa yihadista (“y en el paraíso te esperarán 7 vírgenes capaces de escupir pelotas de ping-pong por el chochete...”). Entablamos una curiosa conversación sobre cómo se lleva un negocio de ese estilo: el proceso de selección de chicas, políticas internas, control de alrededores... Las chicas no deben ser simplemente guapas, sino jodidamente guapas, además de increíblemente atléticas; no en vano han de ser capaces de subirse a una barra y aguantarse solo con las piernas... ni tú ni yo podemos hacer eso.

Pero más importante que su belleza y sus habilidades es su actitud: deben encender al personal pero nunca dar la sensación de que están disponibles, deben ser un objeto de deseo inalcanzable, un mito erótico, algo por lo que los hombres no dejen de luchar (ni de pagar). De hecho, una de las normas internas es que nunca, jamás, deben besar a un cliente. Primero por no dar lo que ellos quieren, y segundo por entre la clientela se hallan con frecuencia personajes del famoseo... y paparazzi dispuestos a cazarlos y ganarse la portada de mañana. No interesa perder a estos clientes, y por ello no interesa crearles una situación comprometida.

Entonces mi compañero dijo “¿sabes? Después de hablar con tantas mujeres empiezas a conocerlas tan bien que sabes lo que van a decir en cada momento, es como seguir un guión”. Aquí vi la oportunidad de girar a temas con mucho más jugo, y como si nada solté “entonces, ¿crees que tú trabajo te ayuda a la hora de ligarte a tías? ¿Én qué manera?”. Y el hombre empezó a contarme mil anécdotas, secretos y truquillos.

Nunca le digas que la quieres. Ni siquiera que te gusta. Al fin y al cabo, si la has invitado a salir es por algo, así que esas cosas están de más. No seas demasiado atento con ella, pero tampoco seas un capullo. Si consigues un número en fin de semana no la llames hasta el miércoles, pero tampoco te esperes al jueves. Si ya has establecido una cita no la vuelvas a llamar, ya hablarás con ella cuando la veas. Nunca tengáis sexo en la primera cita, aunque ella quiera hacerlo. Tampoco lo tengas en la segunda, puedes jugar entonces, pero no llegar a culminar el acto final... será una actitud inesperada e infrecuente que acentuará su atracción por ti. Y un sinfín como estas.

Pero aún se podía dar una vuelta de tuerca más. Tanto hablar de mujeres, de cómo ligártelas y de cómo mantener una relación con ellas era solo cuestión de tiempo sacar el sexo a relucir. Así que mi acompañante culminó la última media hora de viaje relatando ejercicios físicos y mentales para durar más en la cama, desde la meada intermitente hasta la negación del yo. “Túmbate en el suelo boca arriba, las rodillas flexionadas y los pies apoyados en tierra. Mantén los brazos rectos sobre el suelo con las palmas hacia abajo. Inspira. Contén la respiración. Encoje la tripa, encoje el culo y levántalo, apoyándote solo con los pies y la espalda alta. Permanece así durante 20 segundos. Baja el culo, relájalo, y relaja la tripa. Suelta el aire. Al principio no notarás nada, pero al cabo de unas 16 semanas... wow!”.

Quién sabe, tal vez dentro de 16 semanas haga una entrada interesante a este respecto ;-).