lunes, 4 de mayo de 2009

Huevos de Pascua (3 de 4)

Cardiff, cerrado. Coche y carretera, nos vamos a Bath, donde pensamos hacer base para el resto del viaje. Tras agotar las baterías de los dos GPS que llevábamos llegamos con cierta suerte y retraso al hotel: Hiltonazo a 160 libras la noche, póngame medio kilo. Eso sí, la suerte y la buena imagen del imperio construido por el bisabuelo de nuestra querida Paris (ay omá qué rica).

Llegamos a recepción, buenas tardes, teníamos una reserva, y la chica muy atenta sale del mostrador para acercarse a nosotros y hablarnos cara a cara.

MANAGER: Mira, te voy a ser sincera, hemos tenido un problema con los sistemas y hoy tenemos todas las habitaciones ocupadas, así que no podemos alojarte aquí esta noche.
JAM: Ajá...
MANAGER: Pero no te preocupes porque he reservado tres habitaciones de hotel para vosotros en hotel de características muy similares al nuestro y que no tendréis que pagar, os conseguiremos un taxi de ida y vuelta y os invitaremos a la cena de esta noche. Además, una botella de champán os estará esperando en la habitación.

Debo reconocer que en este punto asomé una sonrisa... vale, la han cagado y me toca irme a otro hotel, pero a cambio tengo una noche de hotel gratis, una cena gratis y una botella de champán, que no es que sea especialmente aficionado al champán (me trae recuerdos placenteros y dolorosos a partes iguales), pero siempre sabe mejor cuando te lo tomas gratis. Me giré hacia mis amigos para discutir la situación y veo en sus caras que la alegría no es tal, así que dudo de mis rápidas conclusiones y amago la sonrisa; en este punto me doy cuenta de mi error, rápidas conclusiones: nunca aceptes un trato a las primeras de cambio, seguro que tiene un as en la manga.

MANAGER: Bien, ¿qué decís? ¿Estáis contentos con la solución?
JAM: Eem... bueno, había un problema y has propuesto una solución, lo cual es bueno por ahora, pero tenemos que hablarlo y debatirlo antes de contestar.

Tras discutir la situación detenidamente nos dimos cuenta de que la chica, tan maja y bella como era, nos la estaba metiendo doblada. La reserva la habíamos hecho 3 semanas antes, por lo que la excusa de "los sistemas han fallado y hemos reservado habitaciones para hoy" no nos valía (siempre echando la culpa a los ordenadores, como AR). Además resultó que no nos invitaban completamente a la cena, ya que la bebida la teníamos que pagar de nuestro bolsillo, y los platos a elegir debían ser parte de entre un menú concreto. El champán resultó ser cava rosado de Torrelavit, bien bueno, pero nada que pille de nuevo a dos catalanes de nacimiento y un tercero por adopción. Y el hotel de "similares características", ¡ay!, alejado de la ciudad, habitaciones en un segundo piso sin ascensor y con una atención al detalle más que mejorable (en la puerta del baño había un letrero aconsejando no ducharse con la puerta abierta, pues el vapor de agua emergente podía activar la alarma de incendios).

Hiltonazo decepción. Pero olvidemos el hotel y vayamos al turismo que es a lo que hemos venido. El primer día lo planteamos para ver piedras, y nunca mejor dicho, pues visitamos Stonehenge y Avebury. Stonehenge es un conjunto de piedras prehistóricas del que se sabe más bien poco, hay muchas teorías (alguna incluyendo marcianos), pero nada concluyente; habríamos desarrollado la nuestra propia, pero unos cordones de seguridad nos impedían acercarnos a menos de 50 metros del conjunto, así que tararí que te vi. La audioguía hasta me puso de mala leche cuando me soltó incluso si quitáramos las piedras, este sería un lugar maravilloso de incalculable valor... no me jodas chato, si quitas las piedras esto no es más que un prado lleno de ovejas.


Y si las piedras de Stonehenge me dejaron frío, las de Avebury me dejaron helado. En Stonehenge nos encontramos con ciertas muestras de habilidad, como el desbastado de las piedras o incluso las hendiduras en forma de entrante-saliente talladas en las mismas para que encajaran, pero nada de eso encontramos en Avebury. Son menhires grandes, toscos, amorfos, que ni tan siquiera llegan a la categoría de los cargados por Obélix, y algunos de ellos (algunos porque la mayoría ya desaparecieron) están situados formado un círculo... Círculo que te has de imaginar, porque el centro está ocupado por casas y la circunferencia resultante atravesada por dos carreteras.


Sin embargo, y a pesar de lo negativo de esta entrada, no todo fue malo en Bath; quedaban cosas por alabar y bellezas que contemplar, pero esto vendrá con el último capítulo.