martes, 24 de marzo de 2009

Cómo enfriar un café II

En España si algo no falta son clientes en los bares, ya puede haber crisis o huracanes, que allí estarán. Tal vez por eso se nota tamaña diferencia en la calidad del servicio de la restauración en España y en otros países: mientras que en el extranjero los camareros suelen ser atentos, rápidos y serviciales, los empleados de la hostelería española suelen tener la concepción de que nos están haciendo el favor de su vida, ¡como si los que pagaran fueran ellos! Por eso me gusta cuando me encuentro ante bares y/o restaurantes donde todavía se recuerda aquello de "lo primero es el cliente" y tratan de crear un valor añadido hasta para el más simple café.

Este es el caso del bar El Espolón, en Buitrago del Lozoya (Madrid), regentado por Don Luis Francisco Durán, quien tuvo la genial idea de crear unas pequeñas piezas de poesía en prosa para amenizar la espera del cliente. Rebuscando entre papeles me he topado con una de ellas y, con su permiso, esto es lo que cuenta (copiada literalmente, incluyendo cualquier error ortográfico o gramatical que pudiera haber):

COMO ENFRIAR UN CAFÉ II
De entrada, para evitar tener que enfriar un café, hay que tener claro como nos gusta, pues eso de pedir que se añada leche fría, cuando se puede pedir templado, denota tener un morro bastante prominente, ya que ello conlleva que el susodicho cafetero se meta "pal" cuerpo café y medio por el precio de uno. Esto demuestra además que la prolongación labial que se tiene es de escasa calidad, ya que no aguanta las calorías pertinentes; sería conveniente laminarlo de PVC, pues ya que se tiene que sea en condiciones, que sale caro, ¡coño!, pero es para toda la vida.

Para enfriar un café es imprescindible sobre todo, tener un café que enfriar, una vez conseguido esto se coge la cucharilla, se introduce en el café por la parte ancha, asiéndola con los dedos por la parte estrecha o mango y haciéndola girar a la izquierda o (la) derecha, sin politizar, una vez cogida la postura, colóquese el morro en posición de silbar pero sin hacer ruido, expulsando el aire con suavidad sin hacer demostraciones de capacidad pulmonar y se le ahogue el reloj con las salpicaduras, para que la combinación del movimiento de cuchara y soplido haga el efecto deseado, sin distracciones, porque si por ejemplo uno está mirando a las Batuecas a la vez que se mueve la cuchara el efecto no es el mismo, pues lo más posible es que derrame el café y encima le parezca corto.

Bueno, lo de pedir que nos lo cambien de vaso, son ganas de que al camarero le de un ataque de enajenación mental súbito, de consecuencias imprevisibles; porque si por un euro hay que utilizar un molinillo para moler el café, que no lo regalan, una cafetera que vale un pastón, manchar dos jarras, leche fría y caliente, una taza y muchas veces también un vaso, por que al que lo pide se le ha olvidado que lo quería en vaso, un azucarillo o dos dependiendo de lo goloso que sea el interdicto en cuestión, un platillo, una cucharilla, una bayeta para limpiar la barra, otra para la cafetera, un lavavajillas, detergente y abrillantador para dejar higiénicamente limpio el servicio de café, comprar leche y café, por supuesto, sumado a la impagable presencia de mi menda a su servicio, con ese derroche de simpatía que me caracteriza, es demasiado escarnio para tan pocos dividendos.

No por favor no me hagan reverencias, mi modestia no me permita aceptar tanto honor, pero mi bolsillo si admite buenas propinas, cuanto más gorda mejor. Muchas Gracias.