miércoles, 14 de enero de 2009

Remedios contra la morriña

Cuando se cambia de país todo es raro, todo es diferente. Parece mentira hasta qué punto nos acostumbramos a ciertas imágenes, patrones, movimientos y colores, cómo nos programamos para seguirlos y buscarlos y cuán desubicados nos encontramos cuando estos no están ahí. De pronto todo lo haces despacio, desde pagar (las monedas son diferentes) hasta cruzar la calle (¿por qué lado me vienen los coches?).

Pero todo eso se puede arreglar con unos sencillos trucos. Para empezar, resulta sencillo pensar que uno está en Carcaixent, Bressol de la taronja, cuando se desayuna un buen zumito de naranjas valencianas.


Por otra parte, todo el mundo sabe que en la gastronomía es donde más se nota la diferencia de un país a otro, y es ahí cuando más extrañamos la cocina de la abuela... por suerte siempre se puede ir uno de tapas e incluso disfrutar de una buena jamonería.


¿Y qué decir de Barcelona? Aaah, si ya la echaba de menos cuando aún estaba en España, ¿cómo no echarla de menos estando tan lejos? Pero hasta para eso hay remedio, basta con cerrar los ojos, abrir una Estrella, The beer of Barcelona, y rememorar las medianas que cayeron en la vila universitaria, en El Cefe, en el Port Olímpic...


Para todo hay solución.