jueves, 25 de diciembre de 2008

Nochebuena en Valencia

Noche de paz, noche de amor... y de cabrito con salsa para la cena, amenizado con una tediosa discusión política. Besos y abrazos. ¿Quién se viene a la misa del pollo? Será la del gallo. Risas, silencio... nadie se apunta.

Después del tradicional ágape voy a casa de una amiga a brindar la Navidad y las ilusiones que aún nos quedan (esperanzado eufemismo de las metas que aún no hemos alcanzado). Bombones y turrón. Salimos de marcha.

Garito atestado y apestado, me costará Dios y ayuda quitar el olor a tabaco en mi ropa. Mucha niña mona pero ninguna sola. Pinchan música de otro tiempo, una remezcla rara de Paco Pil y Chimo Bayo. Unos exaltados subidos a una especie de pódium improvisado cantan algo como "Zapatero cámara de gas, cámara de gas, cámara de gas". Bebes por aburrimiento, bailas por inercia... ¿o tal vez era al revés? El recuerdo está algo turbio. El garito se va vaciando hasta que finalmente encienden las luces en una inequívoca señal de idos a vuestra puta casa.

Vuelta a casa serpenteando por calles y callejas para evitar posibles controles policiales. No es que tuviera la turca de mi vida, pero para tentar a la suerte ya está el Gordo de Navidad, y este se jugó el lunes pasado (chicos, ni el reintegro). Llego a mi hogar con éxito y con hambre. Vacío mis bolsillos para comprobar apesadumbrado que tan solo me queda un mísero céntimo. Unos bocados antes de dormir. Una cepillada de dientes para evitar el efecto comisuras de argamasa al despertar. Y finiquito el día. O la noche. O lo que sea, llámalo X (como en el caso GAL).

Vuelta al hogar y a los malos vicios. Vuelta a Valencia.