domingo, 2 de noviembre de 2008

Ciberdominados

Barcelona, y Cataluña en general, es una tierra imposible de no querer una vez se ha llegado a comprender. Ahora bien, como toda tierra tiene sus defectos, siendo uno de los más importantes un tremendo complejo de inferioridad que le hace tratar de ser lo más de lo más en todo lo posible y más (defecto que también adolece mi Valencia natal, pero ese es otro tema).

La Generalitat de Cataluña, fiel a su ambición de conseguir que Cataluña sea reconocida como una nación, ya solicitó en su momento un dominio .ct. Según el IANA, organismo encargado de la gestión de dominios de primer nivel, los dominios de dos letras se corresponden con países, razón por la que un dominio de estas características ayudaría en tal empresa. Ahora bien, el propio IANA recalca que no es tarea suya definir qué se considera país y qué no, y aquí es donde la Generalitat de Cataluña se dio de morros con la burocracia: tal petición se tenía que hacer por cauce del Estado Español, a quien imaginamos poco dispuesto a colaborar en la independencia de un pedacito suyo (un pedacito especialmente rico y próspero, huelga decir). Curiosamente la negativa vino de la mano del mismísimo José Montilla, actual presidente de la Generalitat de Cataluña y Ministro de Industria en el momento en que se hiciera la petición.

Sin renunciar a conseguir su .ct, desde Cataluña se trabajó para conseguir un descafeinado sucedáneo de caviar: el .cat. A este dominio, que en teoría nace para agrupar páginas relacionadas con la cultura catalana en general (véase la descripción completa), le pasa lo mismo que al vino gasificado de Utiel-Requena: que solo la ley le impide ser llamado como lo que en realidad es.

Pero por si esto no fuera suficiente, el Ayuntamiento de Barcelona ya ha anunciado que será pionero en solicitar el .bcn, uno de los dominios correspondientes a ciudades que el ICANN quiere empezar a difundir a partir de 2010. Y no es que esté mal que Barcelona tenga su propio dominio, pero no puedo evitar preguntarme cuál es la utilidad real de contar con un bcn.es, un bcn.cat y, en un futuro, un bcn.bcn y un posible bcn.ct. Aparte de la alimentación del propio ego, claro está.