lunes, 20 de octubre de 2008

Una paradoja de pobres

Hace un tiempo leí el libro Un matemático lee el periódico, del escritor y matemático John Allen Poulos. Desde las primeras páginas me pareció un libro realmente ilustrativo que explicaba de manera sencilla y amena cómo los conceptos matemáticos más básicos eran desvirtuados, incomprendidos o manipulados en perjuicio de la población en general, al tiempo que indicaba sencillos trucos para no dejarse llevar por malabarismos numéricos. Fue toda una revelación.

Hoy he recordado ese libro al tener una epifanía relacionada con el tema. Estaba haciendo unos cálculos sobre economía, finanzas y estadísticas varias (no vayan a preguntarme por qué) cuando de pronto me he puesto a darle vueltas al término "pobreza" y a cómo podemos caer o salir de él sin comerlo ni beberlo ante determinadas circunstancias.

Definir en qué situación a una persona se la considera pobre es complicado. No puede hacerse en función de posesiones o salarios absolutos, ya que esto implicaría una definición diferente en el tiempo y la geografía. En lugar de ello, muchas veces se opta por una definición relativista, por ejemplo: el umbral de la pobreza se sitúa en el 10% del salario medio de una comunidad concreta, es decir, que todo aquel cuyo salario sea menor del 10% del salario medio será considerado pobre.

Y es ahora donde saco el conejo de la chistera. Pongamos una sociedad concreta con una distribución de salarios concreta. Tendrá su salario medio fijado en cierta cantidad, su umbral de la pobreza fijado en cierta otra cantidad y, por tanto, tendrá cierto número de personas consideradas pobres. Pongamos ahora que, dentro de esta sociedad, una serie de individuos realizan una serie de esfuerzos, descubrimientos, negocios o lo que sea que les hace percibir mayores salarios sin perjuicio de los demás, es decir, que mientras ellos ganan más dinero el resto gana exactamente lo mismo. Al subir los salarios de una parte de la sociedad el valor de salario medio subirá, y con él el valor del umbral de la pobreza. Y al subir este último, pasaremos a contar como pobres personas que antes no lo eran, ¡tachán!

Y lo mismo vale a la inversa. Supongamos que en una sociedad como la anterior ocurre una "epidemia" entre los mejor asalariados: se van a trabajar al extranjero, pierden sus negocios, se les aplica un nuevo impuesto que los acribilla... la cuestión es que sus salarios bajan, y con ellos el salario medio y el umbral de la pobreza, con lo que gente que antes era considerada pobre pasa a estar fuera de la zona. Risas y aplausos.

Conclusión... ninguna realmente, al menos no relacionada con la pobreza en sí. Pero sí me parece interesante resaltar cómo los números, aparentemente lógicos e imparciales, pueden llegar a quitar y poner la etiqueta de "pobre" a un individuo sin que este realmente vea afectado su poder adquisitivo. Es lo que tienen los números, que se casan con todos y con nadie al mismo tiempo.