jueves, 30 de octubre de 2008

Un japo en el parque Güell

Hace poco vino mi hermana a visitarme a Barcelona y pasó conmigo el fin de semana. Afortunadamente pudimos contar con buen tiempo, cosa que nos permitió visitar algunos de los puntos más importantes de la ciudad, entre ellos el parque Güell. Para el que no lo conozca (situación que recomiendo solucione lo antes posible), el parque Güell es un enorme espacio recreativo diseñado por Gaudí que combina vistas a la ciudad y al mar, vegetación mediterránea y una muy cuidada arquitectura paisajística. En los días soleados, como el de la historia que cuento, se congregan en el parque Güell una gran cantidad de pintores, músicos, artistas y, en general, bohemios de todo tipo que ofrecen sus creaciones a cambio de unas monedas; algo muy similar a lo que encontraríamos en La Rambla, aunque con más espíritu artístico y menos de negocio.

Paseando por el parque nos encontramos con un chico de rasgos asiáticos que vendía unas figuras hechas de hilo, alambre y plástico. A mi hermana parecían gustarle y decidió pararse a comprar un par de ellos, yo mientras miraba los carteles que acompañaban al género. Me di cuenta de que estaban escritos a mano y con caracteres japoneses, así que saqué mi japonés del baúl de los recuerdos y le pregunté si había acertado en mi suposición; así fue.

Entablamos una pequeña conversación. Resultó ser de Osaka, ciudad que yo había visitado apenas unas semanas antes, y a ambos nos alegró la casualidad. Me contó que había venido a Barcelona sin un objetivo claro, simplemente a experimentar y vivir la ciudad (respuesta que secundaría el 90% de los parroquianos del parque, por cierto). Cuando ya me iba me regaló una de las figuras que vendía, una araña de hilo amarillo y naranja, muy cantarina, que até inmediatamente al zurrón que llevaba ese día y donde aún sigue.

Finalmente me despedí y marché para continuar mi paseo, disfrutando del sol de mediodía, de la compañía de mi hermana y de esa agradable sensación al comprobar que, después de todo, el mundo no es tan grande como parece.