miércoles, 29 de octubre de 2008

Train-lag

Se llama comúnmente jet-lag a los trastornos sufridos cuando, tras un largo viaje de avión, uno no se acostumbra al desfase horario. Hoy yo quiero acuñar un nuevo término, el train-lag, de efectos parecidos aunque por causas diferentes. En el caso del avión se trata de que uno viaja tan lejos en tan poco tiempo que los biorritmos se descoordinan con la hora local; en el caso del tren se trata de los trastornos padecidos por los retrasos descomensurados del convoy, especialmente si uno viaja en Cercanías-Renfe de Barcelona.

Hoy, sin ir más lejos, he tardado una hora y diez minutos en un recorrido que de normal conlleva 30 minutos. Más del doble. Yo no tenía que asistir a ninguna cita especial, pero la chica que iba a mi lado tenía un billete para el AVE que ha perdido de largo. "Supongo que te pagarán el billete", le he dicho tratando de consolarla sin creerme demasiado mis propias palabras; "lo malo no es el billete, es lo que pierdo al no coger ese tren e ir adonde tengo que ir". He querido decirle que seguramente Renfe se encargaría de todo ya que la pérdida del tren y todos los perjuicios posteriores son claramente responsabilidad suya, pero no lo he hecho porque, por muy culpables que sean, sé que no se harán cargo de la situación.

Yo mismo llevo 11 meses de batalla burocrática y legal con Renfe-Adif (contra los dos a la vez) por una caída con lesión que sufrí en sus instalaciones; 11 meses y aún contando. 11 meses de triquiñuelas y artimañas para tratar de escabullirse, suerte que soy persistente y un poquito cabezón. No sé si al final conseguiré ganar este peculiar combate de David contra Goliat, pero en cualquier caso esa es otra historia que será contada a su debido momento (dosificada en cómodos plazos y acompañada de sal de frutas, no vaya a resultar indigesta).

Al final siempre pagan los mismos.