sábado, 11 de octubre de 2008

El síndrome de Alicia

Últimamente estoy teniendo lo que Muisheto Feroz llama un "periodo de alta densidad". Tal expresión no tiene nada que ver con una menstruación especialmente espesa (y perdónenme por el escatólogico símil), sino más bien con un periodo de tiempo normalmente de duración media en el que el número de cosas por hacer se multiplica cual milagrosa parábola de los panes y los peces. Lo más particular de estos periodos es que los diferentes asuntos a manejar no suelen tener demasiada relación entre sí, lo cual complica aún más si cabe el cumplir con todos ellos. Es como asistir a tus clases de alemán mientras preparas el aniversario con tu pareja y reúnes la documentación de una de esas becas cuyos requisitos son tan complicados de satisfacer, todo ello sin tener que decirle "no" a la proposición de tu jefe de hacer una ronda de visitas a todos los clientes, por aquello de dar la cara ante la crisis y tal.

En periodos así sientes como tus adentros se van quejando y casi puedes ver tu reloj biológico acortando tu esperanza de vida. Te preguntas si tanto estrés es necesario o incluso beneficioso en modo alguno, y siempre acabas concluyendo que sí. ¿Y por qué acabas siempre con esa conclusión? Pues por dos razones: bien porque no quieres admitir ante ti mismo que estás acortando tu vida innecesariamente (lo cual tampoco sería una mala excusa, pero sí definitivamente pan para hoy y hambre para mañana) o bien porque, en un auténtico alarde de optimismo, consigues arrancarle el lado positivo a tamaña vorágine de asuntos. Y este optimismo, sus consecuencias y su manera de ser tratadas lo que me lleva a publicar esta entrada.

El lado positivo de los periodos de alta densidad es el éxito obtenido tras lidiar con un gran nuevo de asuntos inconexos. Muchas veces miramos a los grandes ganadores, a pisapodios y coronacumbres, y nos preguntamos qué han hecho para llegar allí. Algunos zanjan la cuestión con celeridad alegando suerte, contactos, dinero o mamoneo, y en excepciones será así, pero yo digo que la clave del éxito es la habilidad para conquistar los periodos de alta densidad. Pensadlo con detenimiento y descubriréis que son el tipo de gente que trabajan duro y sin descanso, que raramente miran un mail en cadena y sin embargo se pasan el día riendo (porque su alegría emana de dentro, no es provocada desde fuera), que siempre tiene al menos dos actividades extralaborales, una para mejorar su perfil profesional y otra para el personal, que constantemente organizan fiestas y viajes en las que involucran a la gente a su alrededor, que tratan de extraer un beneficio a medio o largo plazo de cada cosa que hacen, exprimiendo al máximo cada segundo y céntimo... en definitiva, que no solo no huyen ante los periodos de alta densidad, sino que los buscan y los generan en una explosión de proactividad.

Lo bueno de esto es, obviamente, el éxito; lo malo que no se puede parar so pena de perder ese estatus de ganador. No sé si Lewis Carroll encajaba en este molde, pero desde luego plasmó esta filosofía a la perfección en boca de su Reina de Corazones: tienes que correr todo lo que puedas para quedarte donde estás. Esta restricción es tan común en el mundo que ha acabado por acuñarse como "Síndrome de Alicia", siendo una expresión utilizada en disciplinas tan dispares como la biología evolutiva (las especies han de adaptarse y evolucionar constantemente solo para sobrevivir) o la economía (innecesario explicar este caso).

Lo curioso es que, no importa el razonamiento, siempre se llegue a la misma conclusión: solo trabajando sin descanso vivirás en el País de las Maravillas.